jueves, 5 de mayo de 2011

Descuido

Cesar prendió otro cigarrillo. Miró nuevamente la imagen en el libro, no, no se equivocaba. Siguió todos los pasos y lo llevaron a este momento: a entender que sucede a su alrededor, sentir la presencia del mal, saber donde se encuentra, quien es quien. Años de estudio, sí, pero ante todo sensibilidad, mucha sensibilidad.
Cerró el libro. La imagen no lograba salir de su cabeza. Tenía que saber que estaban haciendo.
Se acercó lentamente a su puerta, abrió despacio, temeroso por ser escuchado. El ruido de los autos en la avenida golpeaba su puerta, luego parte de su rostro, que terminó asomándose curiosa por el espacio de la puerta entreabierta.
El homosexual gordo seguía abrazando con un gesto más que afectuoso al que parecía delincuente. El homosexual no dejaba de reír, volviendo gelatinosa toda su masa, haciendo saltar sus ubres formadas por la grasa de años. Su risa llegaba hasta Cesar, lo golpeaba, lo asustaba. Bajó la mirada para ver a la chica sentada en el sardinel del terral que se pretendía jardín. Su mirada seguía extraviada, como cuando se la topó hacía minutos, luego de volver de la bodega. Estaba concentrada en la tierra que tenía enfrente, absorta. Parecía contar cada partícula de tierra que se extendía bajo sus pies. Era casi una niña pero su mirada reflejaba demasiado dolor y vacío para su edad, así la hubiesen violado. Había algo en su mirada que perturbaba a Cesar, lo hacía apartar su vista luego de segundos.
Por segunda vez le fue imposible no avistar al enorme perro negro que andaba rondando, como vigilando a la niña perdida en sus ojos, la rodeaba una y otra vez, lento… el mejor de los guardianes. Tenía una mancha blanca en el pecho, lo único que no era negro en el animal. También llevaba un collar de púas enormes.  
Era una imagen salida del cine, el climax de una película de terror. Así que entró nuevamente a abrir el libro, a servirse otra copa de coñac, prender otro cigarrillo. Sí, era la imagen que estaba fuera. El libro decía claramente que era una aparición satánica, algo que no es de este mundo, y no solo una extraña y enfermiza coincidencia con el cine de horror.
Debe ser un mensaje. Lo entiende como un mensaje. Algo que no a todos los hombres les pasa, pero no entiende, no entiende hacia donde se encamina todo. Cuál es su función en ese circo. Revisa nuevamente el libro, el texto. Dice claramente no descuidarse. Hay que estar atento, no dejarse engañar por sus risas ni su aparente sufrimiento. Son seres que cofunden, representaciones infernales, el mal encarnado.
Las risas del homosexual se escuchan dentro de la casa.
Cesar recuerda no haber cerrado la puerta.

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