martes, 17 de mayo de 2011

Historia para niños de un fantasma



Para mis sobrinos Alonso y Darío,
Que andarán contemporáneos.


-          ¿Cuántos muertos conoces? – pregunta Alberto con una sonrisa como puerta a otra de sus historias.
-          Solo unos cuantos… - contesta Rubén algo emocionado por la siempre llamativa forma que tiene Alberto de empezar sus historias.
Rubén tiene solo 8 años, y no es que conozca muertos, solo que está acostumbrado a las extrañas preguntas de su tío, siempre excéntrico y aficionado cuenta cuentos. No para de emocionarse cuando Alberto rompe la tranquilidad hogareña con una de sus historias de lo que fuese. El otro día le contó sobre los delincuentes que aparecieron como una plaga de langostas en la estación espacial Omega H, que solo pudo salvar a unos cientos de sus habitantes gracias a una antigua nave espacial que gracias a la habilidad de los mejores técnicos de la estación pudo despegar dejando al resto de su población sometida por piratas interestelares.
En definitiva Alberto no se basa en las noticias, ni en sus propias experiencias para contarle historias a su sobrino, le divierte ver como su imaginación aún virgen aflora con las imágenes de grandes batallas, tragedias y romances épicos en distintos tiempos, distintos lugares. Había veces que acompañaba sus historias con música, de preferencia clásica, pero este no era el caso. Esta vez le contaría una historia verídica, algo que alguna vez supo y le parce una buena historia para romper con el cliché de los muertos malvados.
-          Yo también he conocido algunos, pero muy pocos que siguieran jodiendo luego de muertos. Esta historia es de tu abuela. Ella… tuvo una amiga, una gran amiga que murió trágicamente, el cómo no es el detalle, además estás mocoso, así que obviaré eso. La cuestión es que tu abuela acompañó a su amiga hasta el último momento, no dejó de estar presente, y eso tal vez le trajo más complicaciones que las esperadas por cualquier amigo real, dispuesto a gastar su tiempo y parte de su vida acompañando a un amigo convaleciente, que ya casi ni existe… tu abuela sufrió mucho su ausencia, y podría decirse que siempre le quedaron las ganas de vengar a su amiga, algo que por lástima nunca se llegó a realizar, y ya te darás cuenta, es difícil realizar venganzas en la vida, odiarás a muchos, eso te lo aseguro, pero para que te vengues se requiere demasiado, no solo ganas, y bueno, en este caso fue así, el tiempo pasó y solo la vida juzgó al infeliz que ocasionó esa injusta muerte. Durante un tiempo, 9 meses exactamente, tu abuela fue… visitada por esta presencia que yo siempre consideré nada más que simples energías de un ser fenecido que se mantenía por propia influencia de mi madre, pero que ella siempre consideró su gran amiga de tantos años.
-          ¿Qué es fenecido?
-          Muerto, ¿entiendes?
-          Sí. ¿No la asustaba?
-          Claro, a eso iba, ella tuvo muchos sobresaltos debido a esta entrañable amiga que se le presentaba sin dejar ningún mensaje claro como para interpretar el qué hacer para que dejase de molestar. Le ocultaba las cosas, alguna vez hasta desapareció llaves de su bolsillo para luego devolvérselas de la forma más descarada; tu abuela fue a la iglesia, era de esa época, y antes de salir echó llave a la puerta, para luego meter las llaves en su bolsillo, cuando la misa hubo terminado, ella volvió a casa, pero al buscar las llaves no las encontró, entonces empezó a pensar que pudieron caérsele en la iglesia, dirigiéndose a ella mientras no paraba de rebuscar en sus bolsillos completamente incrédula, buscó por donde estuvo sentada sin resultado y terminó por pensar que dejó la llave colgada en la chapa de la puerta y algún facineroso la robó para luego intentar un asalto a su vivienda, así que se dirigió precipitada a esta, nuestra casa, para tocar el timbre esperando que alguien estuviese con las suficientes ganas para abrirle la puerta, si es que el malhechor ya no nos había hecho picadillo, pese a todo se detuvo antes de tocar el timbre y casi como una reacción natural volvió a meter las manos en sus bolsillos… topándose con la llave, sí, la llave, escuchas bien, lo que estuvo buscando por minutos prolongados, lo que debía estar en sus bolsillos pero no, se aseguró de ello, los hizo vomitar todo y no había nada, solo unas cuantas pelusas que salieron volando cuando los bolsillos se voltearon.
-          ¿No había nada y luego sí?
-          ¿No escuchas? Eso es lo que digo exactamente, desaparición y retorno espontáneos. Ella lo asumió como un hecho sobrenatural. Hubieron más cosas, muchas más, pero tomaré importancia a la que la afectó, por usar un término, un poco más que cualquier otra. Y fue el día que debían llevar a enterrar el cuerpo. Tu abuela conducía un auto que recién había adquirido y que se comportaba bastante bien, debía ser la marca, cuando compres un auto que sea BMW o Mercedes, pero bueno, la cosa es que ella acompañó la caravana, no fue adelante, más bien, fue atrás, pues algo raro empezó a suceder, el claxon empezó a acompañar el ritmo de las luces intermitentes que activan los participantes de las caravanas, tu abuela no entendía que pasaba, la bocina no paraba de sonar como si una mano invisible la presionara, lo que hizo fue estacionarse y ver que sucedía, al apagar las luces intermitentes dejó de suceder, esperó un rato para asegurarse y luego reemprendió la marcha, activó nuevamente las luces intermitentes y se dispuso alcanzar la carava, así paso un buen rato, sin mayores inconvenientes, sin que nada sucediese, hasta que se topó con la caravana, una vez estuvo lo suficientemente cerca y hubo bajado la velocidad para acompañarlos, el claxon volvió a adquirir vida propia y cantar al compás de las luces que también emitían un ligero sonido como un “tac” “tac”, cada vez que se prendían las luces para luego apagarse, nuevamente vio donde aparcar y apagar el auto, algo debía andar mal, esas cosas no son normales, y ya empezaba a preocuparse, ya empezaba a pensar en esa, su amiga prácticamente asesinada por un desgraciado, un maldito, al cual en el fondo, muy en el fondo, pese a sus ganas, sabía imposible cobrarle la venganza que tenía como saldo, el claxon se detuvo, nuevamente al compas de las luces, al parecer todo debe guardar armonía ¿no?, tu abuela tomó un poco de aire, y se dispuso a seguir la marcha, volvió a encender las luces y esperó, un aproximado de 2 minutos y se enrumbó nuevamente al cementerio, hasta llegar no sucedió nada raro, la sepultura fue muy normal, con los llantos de siempre, los pésames que realmente no significan nada, el típico cura que se da la prepotencia de mandar a alguien al más allá, lo normal, lo corriente, luego, volver también fue fácil, no pasó nada raro, nada hasta que estuvo cerca de casa, en ese momento el claxon cantó, pero no cantó al ritmo de nada, no siguió más melodía que la propia en un chillido espantoso que casi ensordeció de locura a nuestra matriarca, la hizo frenar, aparcarse nuevamente, pero el llanto no se detenía, apagó el carro pero no se detenía, no sabía qué hacer, la gente la miraba extrañada, creyéndola una loca con problemas de atención, mientras ella presionaba desesperada todo lo que encontraba intentando callar a la bocina que se mantenía constante en su quejido, presionaba el claxon desesperaba intentando que parase pero no servía, probaba lo demás, hasta que se topó nuevamente con el botón que encendía las intermitentes, las que daban compás al chillido, las que como cualquier ritmo calmaba a la bestia metálica que tu abuela conducía, sí, se guió por el ritmo, por la melodía, y ya no era una bocina sonando desenfrenada si no siguiendo el compás de aquel “tac” “tac” tan penetrante y enfermizo, ese “tac” “tac” que marcaba el tiempo, como los latidos de un corazón, ese corazón que había dejado de latir en carne y ahora latía con 6 cilindros, entonces tu abuela se dio cuenta, lo entendió, o eso creyó, pensó haberlo entendido, pensó que su lógica podría explicar los acontecimientos y le echó la culpa a su amiga, creyó que le mandaba un mensaje, que le pedía venganza, que ese era el motivo por el cual se… materializaba no es la palabra, si no… jodía, si jodía, pensó que ella jodía para que la vengasen, quería la cabeza del infeliz, arruinarle la corta vida que ya de por si le quedaba, y lo tomó como una misión, algo a lo que dedicar gran parte de su tiempo, pensó en lograrlo, en superar cualquier obstáculo con tal que su amiga descansase en paz, yo siempre le dije que sería mejor echar al espíritu con algún chaman u obispo que estuviese dispuesto a poner sus habilidades a prueba contra una personificación de todo lo no cristiano, pero ella insistía en que su misión debía ser cumplida, así paso el tiempo, unos meses le tomó importancia, mientras aún la recordaba, mientras su recuerdo mantenía parte de la energía de su amiga muerta en este mundo, y a los 6 meses ya casi no la sentía, ya casi no jodía, ya no ocultaba documentos todos los días, ni encendía las luces de su corazón intermitente más de una vez por semana, al noveno mes ya era realmente etérea, se le dejó de mencionar, nuevas preocupaciones invadieron la familia, tu abuela, mi madre, tuvo que preocuparse por otras cosas, la venganza quedó en su fantasía, en sus ganas, en un mundo donde las ganas son derrotadas por el mismo mundo, donde tuvo que olvidar el favor que le debía a su amiga para preocuparse por sí misma, por mi, por tu tía, tu aún ni existías, lo que pasa es que no se puede vivir recordando a los muertos, no puedes pretender dedicarle tu tiempo a algo que ya no existe más, la vida misma se encargará, todo se guía por un orden que está fuera de nuestro alcance y el de cualquier dios, digan lo que te digan, y eso quedó demostrado, el infeliz tuvo una muerte miserable, bochornosa, lenta… si algo es cierto sobrino es que todo fluye, no importa cuánto estés dispuesto a dar, las cosas al fin de cuentas se mueven por si solas, y lo que debe ser simplemente debe ser, punto.
-         
-          ¿Y?... ¿te gustó?
-          No es la típica historia de fantasmas, no me ha dado miedo.
-          ¿Ni lo de las luces?
-          Freddy Krueger sí me asusta, él aparece en tus sueños…
-          ¡Va! Ya, ya mocoso, enséñame de cine.

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