jueves, 5 de mayo de 2011

No confundir pasado, presente y futuro.


¿Realmente tienen sentido volver al pasado? A un pasado que solo recordamos pero no tenemos conciencia real de cómo es ahora, ni como fue realmente. Luego de tantos años solo nos queda una imagen de lo que fue, lo que para nosotros, después de mucho, significa. El presente obliga a inventar pasados sobre el pasado, sobre esa nada que se extiende en álbunes de fotografías, en carpetas con videos de ti sonriendo junto a alguien o alguien. Los vacios se llenan y eso pasa con el pasado, todo se colma por ideas de lo que recordamos.
            Entonces creemos haber amado locamente, creemos haber estado a punto de producir una película, escribir un libro, creer en dios. Pero en el fondo no estamos seguros, algo nos indica que podríamos equivocarnos, que nuestro concepto de pasado tal vez sea un poco errado. Y pensamos, qué más da, si el pasado es solo una idea, y el presente lo es todo, si todo lo que entiendo se refleja en sensaciones, si un día es igual a cualquier otro, y nunca tiene una relación directa con el día anterior o el siguiente, más que en el calendario y el recuerdo de lo que creemos fue el día anterior y lo que intentamos construir para mañana.
            A pesar de todo, pasa lo inevitable, creemos que nuestro pasado fue mejor, que hubo algo realmente significativo. Y no es que el ser humano viva en una constante crisis existencial o espacio temporal - dependiendo tus lecturas - , solo significa que entró en una, y por eso llega a creer que el pasado importa en su presente, casi lo ratifica, lo convierte en una ley para su vida (o más bien presente, que para este caso es lo mismo). Añorando, extrañando lo perdido, lo que en su imaginación fue exquisito.
            Y quieres hacerlo, te lo piensas una, dos veces, no, tres veces, pero muy rápido, casi parece una. Decides hacer la llamada, hacer creer que existió en todos tus presentes cuando realmente solo apareció, por espontaneidad, bajo una montaña de ropa sucia de la que a ti te gustaría surgiese vida. Tú fantaseas vida.
            Como todos, ¿o es que yo no lo hago? Claro que sí, todos, todos fantaseamos, todos caemos en crisis existenciales, a veces perdiéndonos un poco en nuestras propias tinieblas y nos asusta, nos aterra, siempre, ¡siempre!, estar a solas con sombras de duendes bajo un manto sin luna.
            ¡Qué historia! Y no es solo una pregunta. Se podría decir siempre tanto sobre el pasado: la relación que existe entre la desesperanza, el llanto y el rechazo afectivo. Los pequeños goces máximos de tus recuerdos recordados, tu fuga, tu gentileza, tu cariño hacia lo que desaparecías por su bien.
            ¡Aj! Sé que te asquea, a mí también, me asquea. Con el tiempo, con el presente, se termina entendiendo que no existe nadie más que tu, que tus amigos son coyunturales, que tus novias también lo son y fornicaran con tus coyunturales amistades, así como tú te follas a las suyas. Y lo exterminas, y lo entierras, para desenterrarlo, cambiarle el traje y devolverlo a su fosa. Así, al día siguiente, convertido en un pasado que nunca volverá a ser presente, ya no importa, y si lo hace, lo hace poco y por corto tiempo: aún se siente como presente.
            Es solo en el presente donde actúas, donde te mueves, donde piensas y haces, no hay más, ¡no hay más! Así te duela, siempre harás lo que debas, es imposible ir contra uno mismo en el presente, puedes hacer todo menos dejar de ser quien crees ser, actuar como crees que debes actuar y verte cómo crees que debes y deben verte. Por eso, esa es la razón de todo. No puedes dejar de ser tu misma así te duela, así tengas algún día que convertirlo en pasado y entenderlo como mejor se te acomode, en una realidad que solo se encuentra en tu idea de memoria.
            ¿Y ahora que harás? Cómo transformarás tu pasado en presente, cómo estás convencida que todo saldrá como esperas o como lo recuerdas (si prefieres verlo así). Con qué darás vida a lo que no existe, cómo harás para sacar esa idea de tu cabeza y materializarla en el presente. ¿Un poema viejo y oxidado, una canción para gatos sin techo: el maullido de una falsa espera… quién podría creerlo? Ni tú, ni yo, ni nadie que se encuentre en el futuro.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario