jueves, 5 de mayo de 2011

Planea tu estrategia y ataca


-          Si hubieses dejado que mis dedos te conozcan serías inmortal. – Juan no parece ofuscado, se muestra tranquilo, jugando en su cancha.
No hay respuesta, Sofía lo mira extrañada, en verdad no esperaba algo tan agresivo de su parte. Sabía que su intención estaba relacionada con el sexo, con tenerla para él…

Estoy cansado, es un hecho, lo siento, hasta lo sueño. Hace poco un súcubo me visitó, eso lo dice todo, demuestra que la mente está cansada, que desea cosas distintas. Hay muchas mentiras en la historia: el súcubo no me trajo dolencias ni frustración, ni debilidad; yo ya estaba cansado, solo eso; más bien trajo consigo lucidez, notar algo tan evidente como el cansancio.
Que parecido es el sexo irreal al real, que hermosa es la proyección humana, que completa y cruel, nos demuestra que al final todo queda en ideas, en conceptos, imágenes, que calan en nuestro ser, que se quedan para siempre quien sabe porqué, pero nunca retroceden del todo, solo se mantienen ocultas, inmortales, esperando el momento de nuestro cansancio, de sentirnos agotados para aparecer y volvernos locos o demasiado lúcidos. Si no te mata te muestra tu realidad.
Siempre me interesaron los pactos con el diablo, la enorme fortuna, la juventud eterna, y la esperanza eterna de poder engañarlo, hacer una última buena acción que enmendara todos mis actos y rompiera el contrato con el ángel caído. Es complicado, el diablo no es estúpido; da igual, por último cualquier estado de eternidad puede ser comparado al infierno.
Así que lo esperé. La aparición del súcubo debía dar pie a la del diablo. Esperé y esperé, pero nunca llegó. Todos se equivocan, no hay nada cierto, y los manuales de inquisidores han demostrado ser una verdadera farsa.
No podría solucionar mi cansancio con pactos satánicos.
Pero no me rindo, sé que hay otras formas de superar la pesadez y el aburrimiento, el dichoso cansancio que me acompaña noche y día. Además de la magia negra, siempre me han llamado la atención los juegos, siempre me ha gustado ganar, así que podría dedicarme a jugar, pero el póquer y el ajedrez no salen de lo usual, son cosas que  suelen hacerse y no paran el aburrimiento por más de unas horas. Necesito algo más interesante, un juego más perfecto, menos estadístico y científico, algo más… humano, eso, necesito jugar con un ser humano: una chica, que sea interesante y agraciada. Usaré pautas psicológicas para que predomine mi voluntad, y seré todo para ella, sí, eso podría ser divertido, eso podría abrir nuevos campos a mi panorama y entender más al ser humano.
Conozco a la indicada, en realidad me agrada bastante y el que quiera llevármela a la cama es simple consecuencia de ser del sexo opuesto, como plus tiene el no ser estúpida – gran mérito para una mujer siglo XXI -.
Juan abre sus libros de psicoanálisis: Freud, lacan, zizeck… encuentra pautas interesantes que está dispuesto a poner en práctica. Lo más básico: agresividad, hay que ser agresivo para romper con los conceptos que ella pudiese tener de la realidad, él ya no podría formar parte de una posibilidad casi fantástica, deberá volverse una posibilidad real. Hacer tangible el hecho de poder tener sexo, ella también tomaría una actitud agresiva, pues se sentiría atacada, más aún conociéndolo tan poco. Pero así funciona la psicología, luego ella se abalanzaría en sus brazos pues ya sería algo latente, algo que forma parte de la realidad, sus impulsos más básicos saldrían a flote y no sería capaz de reprimirlos, no sería solo una fantasía, se convertiría en ideas concisas, esas ideas que nos dicen lo que es y no real para nosotros.
Así que un día queda con ella, se verán por alguna razón en especial, nada que ver directamente con ellos, pues Juan considera que su agresividad debe darse cara a cara para que tenga resultado, y no antes de algún acontecimiento que pudiese dar pie al golpe. Seguir estas pautas era básico para que no lo considerase un desquiciado, todo tendría que parecer casual, inevitable.
Es inevitable también el considerar que ella sabe todo pero puede que lo niegue, que se lo niegue a sí misma, la idea de sexo con Juan está ya en sus fantasías, puede que las rechace pero son cosas inevitables.
Juan siempre juega a seguro, no le gusta perder, y por eso estudió todo cuando habló con ella por teléfono: su tono de voz, las palabras que utilizaba. Consideró que ella conocía perfectamente sus intenciones y las aceptaba con cierta alegría.
Quedaron un día, él se sintió conforme, no pasaría demasiado tiempo y el plan se podría llevar a cabo con tranquilidad, el lugar para la reunión también fue propicio: un distrito adinerado de la gran lima. Planeó sus palabras, cómo la abordaría, que excusa utilizaría para ser agresivo demostrándole que sus intenciones no eran de una simple amistad.
Llegó el día. Juan se acicaló como mejor le pareció, nunca fue de perfumes ni lustrar zapatos. Esperó ansioso la hora de la reunión. Intentaba leer pero le era imposible, solo quería pensar en cómo haría. Estaba nervioso, era la primera vez que emplearía técnicas de psicología para conquistar a una mujer, era consciente que utilizó los mismos métodos alguna vez, pero fue sin querer, sin pensarlo, él simplemente sintió que era lo más prudente y las reacciones fueron las adecuadas. Así que no había pierde, pero el miedo de hacer algo de una manera específica por primera vez siempre genera una cierta incomodidad, y ganas de “mejor no hacerlo”, que superaba mientras pasaban los minutos.
Su decepción fue grande cuando ella llamó explicando que no podrían encontrarse por diversos motivos que tenían que ver con asuntos laborales. Él se mostró comprensivo pero algo cortante. Ella lo animaba a verse al día siguiente. Seguro de que se trataba solo de un verdadero contratiempo, Juan no lo pensó dos veces antes de aceptar su propuesta. Se verían al día siguiente y qué más daba un día más, un día menos.
Esa noche volvió el súcubo.
De pronto la vi, estaba más bonita que de costumbre, se había laceado el cabello y su cuerpo extremadamente delgado que desde hace ya bastante años no me llamaba la atención me pareció exquisito, necesitaba tenerlo. Todo encajaba perfectamente, el cabello lacio sobre su rostro que me miraba con deseo, su cuerpo delgado que me llamaba, que me exigía estar encima.
Cuando ya palpaste un cuerpo nunca lo olvidas, siempre se queda, siempre los súcubos tomarán sus formas y las volverán inmortales. Hace mucho que no deseo a la chica con quien soñé, es más, me genera cierta repulsión. Pero su imagen es más importante, eso que se ha construido en mi mente, como me gustaría que fuese. En la realidad la desprecio, no me atrae, en sueños sean en vigilia o pernoctada, es uno de los seres más deseables del mundo, más perfectos, y completos, la mejor de las amantes y la más callada.
Faltaban todavía bastantes horas para la reunión, él estaba menos calmado que el día anterior, quería poner en práctica sus planes, es más, se iba convenciendo poco a poco que en realidad la deseaba, más que eso, deseaba poder tenerla en sus sueños, poder recordar y modificar su cuerpo a su gusto, saber que tan caliente se encuentra por dentro, como besa, como huele. Quiere conocerla para poder fantasear con ella.
Pero puede que no se haya dado cuenta, es una cualidad humana actuar sin darnos cuenta del porqué de nuestros actos. Sin embargo parecer sí notarlo, se muestra más preocupado, y piensa en qué sucedería si sus palabras terminan convirtiéndose en realidad, que pasaría si le dice que está loco por ella, que ha perdido la cabeza y que no puede dejar de imaginarla en su cama del crepúsculo al amanecer; que pasaría si se convierte en realidad, si forma una imagen tan solida de sí mismo que luego es irremediablemente él.
Entonces la llama, quiere saber cómo está, quiere que le repita donde se encontrarán y que se le complique despedirse y colgar el teléfono. Cuando ella contesta le habla como siempre, con un tono de interés, de cariño cuasi maternal, pero vuelve a decirle lo mismo, destruye su organización, la estructura queda nuevamente resquebrajada para intentar reconstruirla con la promesa de un mañana.
Juan realmente se siente frustrado, molesto, es casi una broma del destino; maldito trabajo; tendrá que esperar un día más, tendrá que esperar para verla y hacer lo que debe para quitarse ese cansancio que lo acompaña ya un tiempo.
Mañana, mañana, mañana me dirá lo mismo.
No se equivocaba, sucedió casi lo mismo, esta vez no fue un mañana, fue un “la próxima semana”. Que cayó como un balazo, algo completamente inesperado luego de planear tanto. Esta vez no argumentó labor, simplemente falta de tiempo mejor aprovechable la próxima semana, es decir: “podría ser mañana, pero mejor la próxima semana, con más calma”.
Tiene que estar jugando… ella sabe, no puede dejar de saber. No hay que considerar a las mujeres estúpidas, no lo son para nada, son manipuladoras, como cualquiera, siempre buscan su interés y analizan la realidad, saben lo que pasa, aunque aparentan no saberlo, no es más que una fachada bastante machista de su parte.
Está jugando conmigo, y no se lo permitiré, soy yo quien juega, quien da las reglas y hace primero las jugadas. Ella está intentando enamorarme, pero se equivoca, yo ya empezaba a hacerlo, esto no es más que un error de su parte, un mal cálculo, pues no le daré el gusto, no, no le daré el gusto de quedar inmortalizada en mí, no permitiré que me haga suyo ni siquiera por un segundo pues ya sé a qué juega.
Sabe que tendrá que verla pronto, es inevitable coincidir: amistades en común, mismos sitios de reunión… todo confabula para que la vea en no demasiado tiempo y tendrá que quejarse, sabe que también es inevitable, no se podrá quedar callado cuando la vea, ya empezaba a formar ideas cada vez más concisas, sus estrategias empezaron a dibujar un futuro que se entorpecía con los movimiento de Sofía. Tal vez  había perdido, tal vez… ella estaba jugando algo similar, pudo ser de esperar que Juan apareciera, las miradas ya existían, también una ligera comunicación que invita a otra y otra. Él era parte de su experimento, él y no ella había caído en un conjunto de jugadas predecibles y ella estaba por darle el mate, por ir all in mientras él seguía dudando.
A veces es mejor no ir, retirarse en el momento oportuno, antes que las cosas lleguen a más, antes de perder todo lo que considero que soy, es por eso que me retiraré, es por eso que todo será una eterna negación, yo podría tenerla pero no lo haré, porque me respeto y comprendo lo que significaría caer en su red. No medí bien, pero aún me queda una última jugada, una posibilidad remota de herirla.
Ella sabía que ganó. Todo fue como lo pensó y Juan estaba al borde de un colapso, no nervioso ni emocional, solo se sentía más cansado que nunca; su esfuerzo por des-cansarse terminó en un fracaso inaceptable, un golpe a su cerebro que instintivamente se focalizó y esforzó en el único gran fin de meterla en su cama. No debía ser tan fácil, algo tendría que hacer para que ella no se llevase nada, algo como tomar el dinero y correr, o barrer con el brazo el tablero de pura cólera, algo que la dejase pasmada y que no le diera chance a reclamar nada aún supiera que había ganado.
¿Cómo castigarla? Si aún no entro en su vida, si aún no significo más que una fantasía lejana. Debo castigarla pero no sé cómo, rechazarla simplemente no basta, ella tiene que sentir fríamente mi rechazo, tiene que ser como una espada que atraviesa su estomago, su vientre, matando eso que nunca existirá, esa ausencia que tendrá que dolerle, porque ella tiene que sentirlo, tiene que verme como una posibilidad y amarme locamente para que se destruya, para que fantasee, para que se aburra y nunca encuentre a un íncubos parecido pero mejor que yo, una posibilidad irreal, un deseo natural no satisfecho. Yo tampoco debo existir para ella, pero sí proyectarme a una posibilidad real inalcanzable…
Sus meditaciones son largas y engorrosas, siempre criticando sus posturas, por cierto afán cartesiano impregnado en su mente desde pequeño. Nada concreto, ni siquiera recuerda del todo sus ojos, o la forma de su nariz, solo sabía que era lacia y de piel tiernamente oscura, pero nada más, ni su olor conocía, nada de ella más que su aspecto en lejanía, unas cuantas palabras de su boca, y un tic nervioso que le llamó la atención desde un primer momento.
Pronto la vería.
Tengo la respuesta, y no tiene nada que ver con hablar de sus profundos ojos que ni recuerdo o su exquisito olor que me gustaría lamer. No, no, algo más simple, y a la vez intrincado, metafísico y psicológico, tengo las palabras exactas para agredirla y dejarle el sinsabor de ver y oler pasar un plato exquisito que simplemente no será para ti. Sí, pude pero ya no, lo que pudo ser ya no será más y eso siempre duele. Primero debo enfrentarla con su deseo natural de tener sexo, al principio no lo notará, se sentirá agredida, burlada, luego no podrá sacarlo de su cabeza, y no tendrá manera de apaciguarlo fantaseando conmigo, yo no existiré sexualmente para ella. El problema vendría si ella se presenta explícitamente de esa manera conmigo, si ella hace lo mismo, encendería inmediatamente mi impulso natural de tener sexo, y caeríamos en el mismo juego, absurdo, volátil, de ver quien juga mejor sus piezas, quien hace el mejor trabajo psicológico, quien blofea mejor. Esto es una competencia.
Ojalá no me busque luego.
A los pocos días Juan la encontró. Todo salió como esperaba. Hasta el que lo buscara y callera en el mismo juego absurdo y volátil de siempre.

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