martes, 12 de julio de 2011

Cuento: No Más Cólera




No
Es un hecho, las mujeres la tienen fácil, tirar para ellas no es ningún problema, solo basta elegir el objetivo y listo, todo está, no necesitan trabajo, ni dinero, ni nada más que abrirse de piernas. Es una gran desventaja para los hombres si lo vemos con frialdad, un hombre no suele decir aquí me meto y punto, si no que involucra una decisión también de la fémina. Tal vez los hombres seamos más bestias, apenas vemos una puerta abierta no dudamos en atravesarla corriendo, como cuando un perro escapa desesperado al abrir la puerta algún miembro de la familia.
Ella sabe eso bastante bien, sus pocos años le han enseñado que no hay hombre que se le resista, sabe que solo con sus feromonas puede enamorar a cualquiera, con ellas y el experimentado movimiento de caderas que le dieron muchos años de relación estable.
A pesar de todo no le ha ido bien, nunca supo elegir y sin una razón aparente eso le pesa: arrastra sus decisiones como una capa enlodada; es de las personas que no dejan de vivir del pasado.
Como cada noche Natalia prende un cigarrillo más, mira al techo esperando que le gane el sueño, pero se siente sola, no sabe porqué pero lo siente. Se lamenta de ser mujer por sentirse así: a los hombres no les pasa esto – se repite sin querer.
La presencia de Daniel no importa en estos momentos, es solo un objeto y ella lo decidió así. No quiere volver a sentir como sentía, para no encontrarse nunca más como se encuentra. ¡Cometió el error dos veces! Se siente estúpida, y eso que se propuso no volver a perder la cabeza por nadie; pero es humana y esas cosas pasan.
Daniel solo es alguien que se la tira, un idiota de los tantos que han estado atrás de ella, y que no pensaba desaprovechar. Él se enamoraría, perdería la cabeza por ella, se sentiría desconsolado y terminaría siendo el amigo que siempre está preocupado por sus cosas; como otros tantos idiotas.
Mientras él estuviese presente todo estaría bien, ella seguiría llenando sus vacios con ese tipo que la consideraría la más hermosa de todas, la más inteligente y pura… cómo le gustaba la idea de ser pura, por lo menos que se lo dijesen.
Aún así, no evita sentirse miserable, egoísta. Siente que hizo daño por donde pasó, y no se equivoca, hizo daño, pero le toma demasiada importancia, le es inevitable ser ególatra. Piensa en ese personaje ahora lejano que la cautivo por última vez, el que la penetro sin preservativo por entablarse tal confianza luego de ELISA, que podía hacerla llegar sin que ella estuviese encima.
Tal vez solo extrañaba el sexo, pensaba constantemente en eso, tal vez todo era sexo y nada más. Imágenes sueltas le saltan, como cada noche, siempre diversas, una donde ella está con los ojos vendados practicándole una felación, otra donde él la acaricia con una larga pluma de pavo real, otra donde lo tiene encima besándole el cuello mientras la penetra…
Pero no era solo el sexo, ese tipo la cautivó, era… interesante. La complementaba de una manera que ni ella misma pudo entender, y como todo lo que no se entiende se convierte en miedo, tuvo miedo. Y empezó a asesinar todo sin darse cuenta, casi de manera inconsciente, guiada por la extraña sensación que invadía sus noches.
No quiere seguir pensando en eso, no piensa volver a llorar por cosas así. Ya tiene lo que necesita, un hombre que la quiere y que haría todo por ella, que se la tira cuando ella quiere, que le hace caso y sigue sus consejos. Tiene un hombre como el que podría querer toda mujer.
Pero la sensación en las noches se mantiene, solo que ahora ya no es miedo a lo desconocido, es más como resignación a las decisiones. No se siente feliz – cree que se puede alcanzar la felicidad, es de las cosas que le metió su madre a la cabeza –, y además siente que vive una mentira, y su propia concepción de mujer pura, guiada por sus pasiones, le crea un conflicto. Un conflicto que no piensa resolver esta noche, ni la siguiente, y tal vez nunca, le parece mejor vivir una mentira que no vivir nada.
Mira el teléfono antes de hundirse en el sueño: hace más de un año que él no llama, pero ella es de las personas que viven del pasado. Estira su brazo, y como todas las noches, lo descuelga.
Ya tiene lo que cualquier mujer necesita.

Más
Trabajar en una empresa de telecomunicaciones no es el sueño de muchas personas, pero sí de quienes tienen como máxima aspiración conseguir un trabajo estable en el cual ascender hasta que lo despidan ya de viejo y sin verdaderas posibilidades. Trabajar en una empresa de telecomunicaciones es casi lo mismo que trabajar en un banco: la barriga crece, el cabello se cae, aparecen las amantes y el aburrimiento de la rutina.
Mario considera algo muy importante su apariencia física, va todos los días al gimnasio y se alimenta a base de dietas que potencien su desarrollo muscular. Se peina con gomina formando infinidad de puntiagudas masas de cabello que a él le sientan como cachos.
Estaba tan acostumbrado a un tipo de vida, que cuando todo cambió súbitamente entró en shock, fue realmente gracioso verlo sin poder hablar, sin entender del todo lo que decían, ver como su desequilibrio consolidaba una familia destruida, y traía nuevamente a su vida a la mujer con quien compartió casi un tercio de ésta.
Pero ya superó eso, fue hace bastante y ella volvió a desaparecer, era imposible mantenerla a su lado. Fue una verdadera conmoción en su vida y alguien tuvo que tener la culpa, posiblemente el infeliz con quien la vio aquella vez que aún se interesaba por él.
Su mundo se vino abajo cuando el tono de su voz cambió, ya no era más de él y lo supo, lo supo como quien descubre un cuerpo enterrado en una sala, con las nauseas que acompañan los hedores del destino y las lagrimas que son inevitables ante cualquier sensación de grabe malestar.
Siete años de su vida echados al agua por un infeliz… qué habrá sido de ella, luego de un tiempo no la volvió a llamar: ella ya no se acongojaba por su pena, era indiferente, casi otra persona. Lo peor fue perder la estabilidad que tanto le costó, el tiempo, el esfuerzo… hizo de todo para mantener esa relación. No dudo en arrodillarse, llorar frente a sus amigos, pedirle matrimonio… todo para que ella se mantuviese a su lado, y lo había conseguido, todo estaba bien, tenía el empleo que le prometía una carrera administrativa segura y con relativa estabilidad laboral. No le sería difícil ascender, pues realmente no es difícil ascender en cosas así, y tendría su vida hecha, con su mujer pequeña y hermosa, a quien podía controlar, a quien inculcó de tal manera su estilo de vida, su necesidad de seguridad y estabilidad, que creyó imposible el que se alejara. Hasta ahora le parece extraño, algo muy extraño.
Es cierto que habían terminado, pero todos los años terminaban. Es cierto que ella sufría mucho y generaba sufrimiento. Es cierto que siempre parecía vivir una mentira, ser un alma libre atrapada en un cuerpo de mujer hermosa ansiosa por seguridad. Pero no era su culpa, ella siempre fue así, desde que la conoció, cuando estaban en el colegio y uno de sus amigos intentaba avanzarla, cuando prefirió a éste viejo amigo antes que a él, que ya era su pareja para ese entonces, en aquel viaje de promoción que se va desdibujando poco a poco con el pasar del tiempo. Su novia de colegio ya no está más.
Debió ser culpa del infeliz. Pudo verlo en sus ojos rojos por los faros de la noche, con su sonrisita hipócrita de mierda mientras lo saludaba apretándole la mano… No, no quiere pensar más en eso, tiene que bañarse, dejarse de tonterías.
Pero luego de siete años se consigue tal confianza… le es inevitable extrañarla así hayan pasado más de dos años, así su voz se haya perdido con el viento, así sus caderas hayan sido de otro… sus caderas, perfectas, armoniosas, como su rostro, como su pecho. Luego de siete años se aprende mucho en la cama, la confianza lleva a intentar fallidamente el sexo anal, le proporciona una perfección para las felaciones, y el aroma de su cuerpo permanece intacto en el cerebro cada noche.
Tiene que sacarse esas cosas de la cabeza, hoy tiene una fiesta, donde se lucirá de la mejor manera que pueda, se divertirá y romperá con la rutina de trabajar en un cubículo. Tomará unas copas, esnifará cocaína – hay que salir de la rutina del cubículo –, bailará un par de piezas, probablemente fornique con alguna de sus compañeras. Y despertará a la mañana siguiente, para vivir un trágico domingo de esperar al lunes, en el que volverá a sentirse como el ser miserable y superficial que realmente es.

Cólera
Clemente termina de masturbarse. Eyacula sobre el cuerpo que respira a su lado. La toca, empieza a esparcir el semen con el índice. El liquido tibio no la incomoda, ella sonríe sin dejar de mirarlo, parece una mujer enamorada… le parece imposible, irreal… solo se la tiró bien, nada más que eso pero ella cree estar enamorada… el problema de ser una chiquilla.
Lleva su dedo embarrado hacia los labios que lo esperan ansiosos, labios carnosos de mujer inexperta, recién salida del cascaron, recién registrada y con carné de ciudadana. Labios que juegan con la sustancia tibia de su dedo, que lo tratan como si fuese un falo.
Pero le falta técnica, le falta la experiencia a la que por lástima lo acostumbraron. El dedo se sumerge entre el mar de dientes para ser acariciados por una lengua tímida, que más que excitarlo le produce cosquillas.
Clemente le sonríe a su chiquilla y la besa en la frente. Explora con la vista todo su cuerpo, es hermoso pero ha visto mejores, le falta desarrollar un poco aún… no tiene de qué quejarse, ella vive una ilusión y el vive de su ilusión: se alimenta de ella como un vampiro que necesita sangre para sobrevivir… porque en el fondo siente que sobrevive, que levantársela no es más que una salida a la cual recurre, más aún, el sentirse enamorado de ella es una salida a la cual recurre. En el fondo tiene miedo, sabe perfectamente a qué, tiene miedo a la experiencia.
Es el problema del ego, cuando uno es ególatra, le es inevitable tener que sentirse superior. No quiere volver a derrumbarse. No está dispuesto a eso, y qué mejor que una chibola a la que puede manejar sin problema, la que no le traerá dolores de cabeza, la que no lo criticará con ponzoña solo para demostrarse mejor, porque aún sueña, porque aún cree que se puede amar – o sobrevivir –, sin hacer daño, sin robar un poco de la esencia del otro… ha vivido tan poco que aún no es egoísta.
Pero extraña un mejor sexo, tal vez menos libre, pero más experimentado, con mejores movimientos, mejores felaciones, mejor entendimiento mutuo, mayor grado de introspección… cómo no extrañarla, fue tal vez su mejor amante, su más alocado y pasional desvarío. No midió las cosas… dos egos tan distintos no podían chocar, pero chocaron, y se revolcaron infinidad de veces, lamieron sus sudores, besaron sus sexos.
Demasiado distintos, demasiado… no, no demasiado… tendían a lo mismo, ambos eran almas libre, pero ella nunca pudo salir de su encierro, nunca pudo levantar el seguro, pero mientras Clemente estuvo volteado, habló como si se hallase fuera, completamente libre y con los brazos abiertos. Pero todo era falso, era su necesidad de libertad, sus ganas de intentarlo, sus ansias de sentirse pura, pasional, real en el mundo… pero no era más que un ser encadenado a sí mismo, una mujer libre en el cuerpo de una mujer común y corriente, con los límites de cualquier mujer común y corriente, con sus mismos paradigmas, con sus mismos miedos.
Clemente tuvo que huir para no verse inmerso en su mentira. Salió corriendo como nunca pensó hacerlo, y se alejó todo, todo lo que pudo para no volver a topársela, para que no volviese a derrumbar su mundo con sus fantasías de libertad que solo quedaban en palabras.
7 años de relación la jodieron, le metieron estupideces en la cabeza, necesidades de seguridad y estabilidad fuera de contexto, sueños con el pasado… esa estúpida necesidad femenina de aferrarse al pasado, como si existiese…
No, ya no la extraña, ella ya es cosa del pasado. Así como los cigarrillos en el cenicero o la ceniza en la pipa. Ya no existe más.
Debió sufrir mucho cuando Clemente escapó, fue cruel y muy abrupto, notó que se perjudicaba y luego de múltiples ataques de ansiedad pudo escapar sano y salvo. Los rezagos del escape le duraron a lo mucho un par de meses: así nomas no se encuentra tal perfección para las felaciones, ni esas ideales caderas con mejor ritmo que Cuba.
Ella siempre apeló a su amistad, a su presencia a pesar de lo que sucediera. Clemente no era tan estúpido.
Ese alejamiento, ese saberla mal, generó siempre en él un disgusto, como si todo fuese consecuencia de un mal entendido, como si fuese prudente explicarle que no la aborrece por ser lo que es, es más, la entiende, y sigue y seguirá loco por ella, pero mientras se mantenga en la memoria, en el recuerdo del mejor sexo que haya tenido, en la sombra de una compañera de alcoba con quien se dio el chance de soñar.
Cree que ya es hora, que es el mejor momento para decírselo, ha pasado ya más de un año y ella no merece atormentarse creyendo que la detesta. Ella siempre fue de las personas que se preocupan por lo que piensan de ellas.
Acaricia el rostro de su chiquilla, le muestra el falo que ha comenzado a retomar fuerza. Ella besa su sexo apasionadamente, pero sin la pericia que tanto le gustaría volver a probar de cuando en vez.
Sin dejar de acariciar la cabeza de la dieciocho añera, Clemente toma el teléfono que tiene en la mesa de noche. Marca el número que tiene en la memoria ya bastante tiempo. El jugueteo con la lengua de su niña ha mejorado, también tiene mejor ritmo al moverse, probablemente logre que se corra… hasta ahora no lo ha logrado. Vuelve su atención al teléfono, ¿y si contestaron y no lo notó?, ¿y sí empezó a gemir como un degenerado? Porque la línea al otro lado está descolgada. Manda re-llamada, lo mismo, el tintineo incesante de una línea descolgada. Deja el teléfono en su lugar. Y como si le viniese un ataque, termina en la boca de su nueva mujer.


lunes, 11 de julio de 2011

Pequeña Montaña

Maldigo no conseguir ver más allá
del horizonte donde te yergues imponente
impotente
sin ojos, ni oídos, ni nada para sentir
eres una montaña que parece no vivir.
Little, and pretty
black Mountain
que fomenta mi paranoia al no dejarme ver
dónde quedaron esos pasos
que se hundían en el fango espeso de tu cresta
fango de arenas carnívoras, hambrientas de angustia.

Luchar contra ti Montaña siempre fue inútil
como el esperar de Mahoma fútil
Tú no te mueves con nada
solo tu piel oscura se extiende y desgarra
but no, nobody can break
maybe you’re so necessary like bread
every night I watch you from my bed
y la noche te embellece-envilece
desde mi cama, desde encima tuyo o viceversa
saliendo de tu fango con paciencia felina
o siendo devorado por mi angustia.

A lo lejos tu vil resplandor parece un canto de sirenas mudas
shine, shine, shine
fill the night with your darkness
shine, shine, shine
this is not a nightmare
shine, shine, shine
I want to go without my partners
pero mis pies avanzan por un camino que ni miro por volverme
hacia esa juventud que se pierde por partes
en las profundidades de la oscuridad que no solo te dieron los inviernos
que te hace la más negra, la más hermosa de las Pequeñas Montañas
carnívoras.

Only with rain
Little Mountain become brave
I better run to my bed in a cave
with an earthquake, she can feel pain
and fill with her darkness my head
I better run to my bed in a cave.

lunes, 4 de julio de 2011

Cuento: Rebelión



Maldito racionalismo
 tú y tus ganas de negar.
Para el negro de G.C. Porque me lo pidió.


Es a sus 16 años que decide salir de casa, equipado solo con la mochila que le quedaba de su instrucción en el Leoncio Prado; ni buena, ni mala época, solo una más en la vida… la vida, se reduce a tanto que es imposible entenderla del todo, y en este viaje él espera entender más de sí mismo, de su relación con el mundo y su existencia. Quiere entender porqué existe, porqué le permitieron vivir sin explicarle los motivos de ese vació que pese a todos los esfuerzos de la familia no puede ser llenado sin el padre. Es a su padre a quien irá a buscar, se encaminara por senderos desconocidos en busca de esa figura que alguna vez salió a comprar dios sabe qué y nunca regresó, pero es historia vieja, trillada. Todo tiene razones, y faltarían páginas de una vida entera para entender la relación con su familia, constituida básicamente por mujeres. En gran parte se debe a la relación que lleva con su madre por lo que decide a salir en busca de quien dio el esperma para que fuese concebido.

Tendría que recorrer casi la mitad del Perú solo, pero no le importa, está, podría decirse que, decidido, aunque a su edad nadie está completamente seguro de nada, es un impulso más grande que sus propios deseos lo que lo llevaba a tal convicción y entusiasmo.

Para sobrevivir de provincia en provincia consigue trabajos ocasionales, se acostumbra a trabajar para vivir y seguir viajando, así consigue avanzar y avanzar, camino a Bolivia: su destino, donde su padre, aislado en un pueblo alejado, ofrecía – por lo menos hasta hace unos años –  sus conocimientos de curandero a la población. Él pudo enterarse de todo gracias a su madre, y si no fuese por ella nunca hubiese decidido enrumbarse en esta búsqueda. Así que con los nervios destrozados y la información necesaria, decidió embarcarse en la que según él constituirá la experiencia más importante de su vida.

Debo hacer un apéndice al relato para hablar del padre, es necesario explicar un poco de su vida para que puedan comprender mis líneas. Lo llamaremos Miguel, y al hijo, que tal… Julio, bien, ahora, Miguel siempre fue un hombre dedicado al estudio y al pensamiento, un serrano de estirpe que devoraba cuanto libro llegaba a sus manos, y de adolescente consiguió publicar su primer libro de cuentos, luego ingresó a la universidad, para seguir una carrera de humanidades. Era la época de la expansión del comunismo en el mundo, ese tiempo en que la revolución Cubana aún parecía un hermoso sueño realizado, cuando los franceses le enseñaban al mundo los métodos de tortura para conseguir información y luchar contra las posibles revoluciones. Época de dictaduras militares, época de un mundo desarrollado prepotente con las naciones débiles, y donde el comunismo era un hermoso sueño que eclipsaba la visión de los intelectuales. Ser intelectual era ser comunista, y ser comunista en una sociedad oprimida por tiranos significaba tomar las armas, y él no era más que un pensador de la época, un idealista atrapado por sus propios mitos sobre el mundo. Escribió y ayudo con la organización de movimientos de izquierda radicales, pensó y pensó y encontró y no paró de encontrar nuevas y hermosas realidades comunistas, y luego viajó, viajó y viajó como un miembro del partido, un miembro importante por sus ideas y su capacidades, hizo merito siempre y por eso era respetado entre el circulo de intelectuales. Llegó a Europa, e igual que en su tierra, pudo ganarse la amistad y confianza de personas con capacidades semejantes a las suyas. Cada día su nombre adquiría más importancia y sus perspectivas y conclusiones lo demostraban como el hombre capaz que siempre fue. Pero un día mientras charlaba con un amigo francés, en uno de esos trillados cafés franceses que dicen tener buen café, tuvo una revelación que lo dejó pasmado, es más, le generó un shock nervioso, se estampo contra la pared de la realidad, de pronto descubrió que todo era una mentira, que su hermoso sueño comunista no era más que un mito, que todo su trabajo no servía para nada, que había estado equivocado tanto, tantísimo tiempo, que fue como perder una vida, fue como morir estampado contra esa maldita pared que tiene pintado un cuadro de la realidad. Volvió a Perú para ser internado en un sanatorio, pasó ahí dos años, al principio se le complicaba el hablar, pero poco a poco fue superándolo. Cuando los médicos consideraron que estaba listo para salir lo soltaron, pero él no se sentía listo, seguía con el vacio de haber perdido una vida. Como siempre se refugió en los libros, pero dejó de lado la ciencia marxista y se enfocó a temas más espirituales, temas que lo llevaron a peregrinar a la India en búsqueda de sanación. Ahí encontró a una especie de santa a quien acompañaría para que le concediese una cita y curase su mal. Y así lo hizo, pasó dos largos años peregrinando por toda la India, acompañando a los miles de peregrinos con sus mismos deseos, aprendiendo de las lecciones que le inculcaban, refugiándose en la tranquilidad del espíritu, hasta que por fin llegó su turno, le tocó ver a la santa y que curase su mal. Durante su estadía aprendió medicina alternativa, también a meditar, y luego de mucho pudo sentirse de vivo nuevamente, pero no con su vida de antes, si no una completamente distinta, una que surgió de las cenizas de la otra, una mejor y en lugar de complementaria, demoledora de todo lo que fue alguna vez. Volvió a Perú curado, con otro semblante, conectado de una manera que nunca imagino con la existencia, con la naturaleza en general, con el vínculo que une a todas las cosas y nos hace parte de este caos. Es en esa época que conoce a la madre de Julio, que para ese entonces ya había sido madre. Pudieron ser muchas cosas las que lo llevaron a alejarse, y probablemente haya sido el carácter de la mujer, un día, cuando ella tenía unos meses de embarazo, y ya enterado de eso, decidió salir a comprar para nunca volver, dejó una carta explicando su actuar a su hijo, pero la madre la descubriría demasiado tarde. Aún así cuando ya estuvo lo suficientemente lejos se comunicó con la mujer para pedirle que no le entregase la carta al niño hasta que haya cumplido mayoría de edad, pues la realidad puede ser chocante, y él podía dar fe de eso. De vez en cuando se siguió comunicando con la madre, pero ya sin tomarle importancia, menos al llegar a un pueblo de Bolivia, donde conoció a una hermosa mujer que lo cautivó y terminó por convertirse en su mujer.

La madre de Julio tuvo noticias, pero todo quedó ahí, ella sentía un rencor profundo hacia Miguel, lo despreciaba por haberla tratado como la trato, durante la vida de Julio nunca le mencionó la existencia de la carta, y siempre que se refería a su padre lo hacía en tono despectivo y con desprecio, voceando las peores pestes que pueden decirse de una persona, y tal vez llegase a ver a Julio como una extensión de él, ya que por momentos el niño se sentía odiado. Luego entró al colegio militar y ellos se encargaron de su formación; los incidentes en estos colegios son comunes, así que no perderé páginas hablando de ellos.  Cuando volvió a casa era un chico cambiado, mucho más calmado que cuando entro al colegio, casi podría decirse que era un rebelde en ese entonces – y puede que con razón pues el trato que recibía llevaría a la insurgencia a cualquier infante –, pero los problemas en casa continuaban, y ahora estaba más grande y fuerte. Es en una de las peleas que tiene con su madre que ella le comenta lo del padre, lo de su ubicación, le da a entender que debería largarse con él. Julio se lo tomó en serio.

Y es así como Julio llega a su destino, a Bolivia, a buscar a su padre, demoró más de lo esperado pero lo importante es haber llegado, el pueblo aparece ante sus ojos, y baja del camión agradecido con el conductor que le permitió ir de polizonte. No tarda en recibir referencias de su padre, bastaba preguntar por el curandero peruano. Casi cayendo el atardecer llega a la casa de su padre, golpea la puerta, y un hombre alto y fornido, con nariz ganchuda y rasgos bastante marcados lo queda mirando con semblante serio. Pregunta si es Miguel, éste lo confirma con un movimiento de cabeza, le pide que pase, que tome asiento.
-          ¿Qué quieres? – la voz de miguel es gruesa, inmisericorde, parece que golpeara con cada palabra.
-          Soy tu hijo.
-          Lo sé, ¿qué quieres?
-          He venido desde Perú, mi mamá me dijo que te encontraría acá y necesitó hablar contigo.
-          ¿Qué quieres saber?
-          ¿Por qué te fuiste?
-          La idea era que te enterases a los 18 años, creo que aún no los cumples, te dejé una carta, tu madre te la daría cuando cumplieras la edad adecuada, pero ya estás acá, e imagino que has llegado por tus propios medios. Eso tal vez signifique que ya estás listo para entender un poco más el mundo, así que te lo diré. Es bastante simple, tu madre, luego de embarazarse por mí, dejaba de ser simplemente una mujer, y me convertía en padre, hijo, ¿qué quieren las madres de los padres?: dinero. Y sí de algo estaba seguro, es que no desperdiciaría mi vida trabajando para ti.

Julio se queda en shock, nadie espera algo tan fuerte, era un golpe directo, era una realidad aplastante la que lo oprimía por todos los lados, la que lo encapsulaba en un silencio que llegaba a aterrarlo, a hacerlo pensar que no volvería a hablar.

-          Ya que estás acá te enseñaré algo, tienes que aprender a vivir con la naturaleza y alimentarte de ella; se supone que un padre tiene muchas cosas que enseñarle a un hijo.