martes, 23 de agosto de 2011

Texto: Adaptación de Lituma en los Andes.

Adaptación de Lituma en los Andes, de Vargas Llosa, por Carlos de la Torre.

1

La choza tiene solo unos cajones que hacen la vez de sillas, un pequeño escritorio tras el cual el cabo Lituma revisa unos papeles mientras conversa con Tomás, su subalterno, que juega con una baraja de cartas intentando adivinar la próxima, exclamando con rabia cada vez que falla, y gozando cuando le atina. Una mujer entra a la choza, habla en quechua mientras se acerca al cabo Lituma, que permanece sentado mirándola resignado.
-          ¿Qué dice Tomás?
-          Que su marido ha desaparecido mi Cabo.
-          El tercero…
-          El tercero mi Cabo.
-          ¿Cómo se llama su marido?
El guardia pregunta a la mujer en el único idioma que parece entender. Ella responde: Demetrio Chanca.
-          Demetrio Chanca mi cabo.
-          Tómale la declaración Carreño.
Tomás Carreño busca la libreta de apuntes en el escritorio y empieza a anotar todo lo que va diciéndole la mujer.

2

-          ¿Qué piensa mi cabo?
-          En esos tres, me parece tan extraño… no han dejado rastro – dice Lituma con cierto desconsuelo –, ni el mudito, no hay nada de nada, nadie sabe nada, es desesperante.
-          Sí mi cabo, lo es, pero al parecer se los comió la tierra.
-          Eso no pasa Carreño, la tierra no te come. Pero lo que me extraña es no encontrarlos muertos, porque si hubiesen sido los terrucos, sus cuerpos deberían estar en algún lugar a la vista.
-          Demetrio Chanca no aparece hace ya cuatro días. Era capataz en la obra – dice Carreño mientras revisa la libreta de apuntes –. Según su esposa fue a tomar unas copas a la cantina pero nunca regresó.
-          Ve al campamento a averiguar lo que puedas Carreño, me revientan los huevos estos serruchos de mierda que nos intentan agarrar de cojudos.
-          Tranquilo mi cabo, que yo también soy serrucho.
-          Tú eres cholo Carreñito, tú hasta pareces piurano – termina El Cabo con una sonrisa antes de despedir a su subalterno.

3

-          No me han dicho nada mi cabo. Lo mismo de siempre, respuestas evasivas, casi como si nadie recordara bien quien era Demetrio Chanca.
-          Ves que son unos hijos de puta.
-          Parecen no tenernos confianza mi Cabo.
-          Últimamente nadie respeta el uniforme Carreñito. ¿Pero no hay nada nuevo?
-          No mi cabo, lo mismo de siempre, nadie sabe, vio, ni escuchó nada.
Lituma reflexiona un momento.
-          ¿Tú qué piensas?, ¿qué crees que les haya pasado?
-          Ni idea mi cabo. Debieron ser los terrucos, pero no entiendo porqué los desaparecerían.
-          ¿Y si se los llevaron a su milicia?
-          No, ni cagando.
-          ¿Por qué no?
-          No puedo imaginarme a Pedrito en la milicia terruca mi cabo.
-          Si… – Lituma permanece pensativo mordiendo la uña del pulgar de su diestra, mientras mira al vacio.

4

-          Cabo, tengo dos noticias.
-          Habla.
-          Primero, la mujer de Demetrio Chanca ah desaparecido. Segundo, un par de obreros me comentaron que el capataz tuvo una riña con La Bruja, parece que no quiso pagarle una leída que le dio con la coca.
-          ¿La mujer desapareció también sin dejar rastro?
-          También mi Cabo.
-          ¿Donde está La Bruja ahora?
-          Debe estar atendiendo la cantina.
-          Ve por ella inmediatamente Carreñito. Dile que necesito hablar con ella.

5

La mujer se encuentra parada. Carreño juega con las cartas sin hacer ruido, esperando para intervenir cuando sea oportuno.
-          Buenos días Doña Adriana. Tal vez imagine porqué la mandé llamar.
-          Ni la más remota idea Cabo – Dice la mujer con una sonrisa.
-          Necesito que me digas que pasó con Demetrio Chanca.
-          Lo que le dije que le pasaría.
-          ¿A qué se refiere Doña Adriana?
-          Lo que le leí.
-          ¿En la coca dice?
-          En las líneas de la mano. Tengo muchas habilidades Cabo.
-          ¿Pero porqué pelearon?
-          El indio ignorante no quiso pagarme. No le gustó lo que le leí.
-          ¿Y que fue lo que le leyó Doña Adriana?
-          Lo que le pasaría. Esto que le ha pasado.
-          ¿Usted le dijo que desaparecería?
-          El no quiso creer, dijo que la coca no diría eso. Indio ignorante, no todo se puede leer con la coca.
-          ¿Y entonces simplemente desapareció?
-          Contra el Destino no se puede Señor Cabo – dice Adriana con tono burlón.
-          Me está diciendo que Demetrio Chanca estaba destinado a lo que le sucedió.
-          Los Apus no lo querían. Era una mala persona. ¿Sabía que se cambió el nombre? Eso también pude leerlo en las líneas de sus manos.
-          ¿Eso que tiene que ver?
-          Nadie que se cambie el nombre puede ser alguien bueno, algo debe tratar de ocultar ¿no le parece Cabo?
-          Los testigos dicen que usted intentó matarlo cuando no quiso pagarle.
-          Solo le exigí que me pagara y el desgraciado se puso brusco, solo fue eso. Lo que le ha pasado, estaba escrito.
-          Eso no tiene ningún sentido. Algo les ha pasado y necesito averiguar que fue. Por lo menos me tranquiliza saber que usted no está con los terrucos, a usted y a su marido serían de los primeros en desollar, luego de quienes habitamos esta humilde morada claro está.
-          Acá aún no han asomado esos terrucos Cabo. La prueba es que sigamos vivos todos nosotros.
-          Entonces Doña Adriana, cuénteme, ¿qué ha pasado?
-          Lo que estaba escrito Cabo, lo que estaba escrito.
-          Doña Adriana – Interrumpe Carreño –, ¿es cierto que alguna vez mató un pishtaco? ¿Y es cierto que mató a su primer esposo para meterse con Dionisio?
Adriana mira con rabia a Carreño y le estira la mano.
-          Dame tu mano.
-          ¿Para qué?
-          Tengo cosas para decirte.
-          No.
-          Carreño, no le hagas caso – interrumpe Lituma.
Pero Carreño termina dominado por algo que no entiende y termina estirando su mano para admiración suya y de Lituma. La Bruja juega con ella y empieza a leerla.
-          Tendrás una muerte miserable – le dice con una sonrisa –. La mujer que amas nunca será tuya, pero vivirás una fantasía nuevamente, creerás que volviste a tocar el cielo pero no será más que tu estupidez. Y caerás de tan bajo que no morirás, solo tus piernas se romperán y terminaras convertido en el parasito reptante que naciste para ser. Disfruta tu felicidad que será minúscula – y le suela la mano con asco, pero con una sonrisa que no termina de borrársele.
-          Te cagó Carreñito. Por huevón.
-          ¿Ya puedo irme cabo? – Pregunta Doña Adriana.
-          Por ahora sí Doña Adriana, pero no dude en que volveré a llamarla, presiento que hay muchas cosas que no quiere decirme, pero de a poquitos posiblemente pueda sacarle algo.
-          Adiós cabo.
-          Solo algo más. ¿Cómo que el Destino?
-          ¿No lo entiende Cabo? Los Apus lo querían – dice mientras se despide con la mano.
Cuando la mujer ha terminado de irse Lituma se dirige a Carreño.
-          Carreño, averigua eso del cambio de Nombre de Chanca por favor. Llama a Huancayo.
-          Ok mi cabo.

6

-          Esperemos que no tarden demasiado en responder mi Cabo.
-          No, Tengamos fe Carreñito, aunque nunca he creído en esas mierdas de dios.
-          Tenga más respeto mi cabo. Hay tres desaparecidos, es mejor no estar peleado con nadie que pudiese darnos una mano.
-          Ja, te pasas de pendejo Carreñito, bien ahí. ¿Deben ser los terrucos cierto? Porque esa cojudez de que los Apus que habló La Bruja no tienen ningún sentido.
-          Quien sabe mi Cabo. Si fueran los terrucos de mierda ya nos hubieran hecho la cagada. Hay tensión en el campamento, pero es porque posiblemente paren la obra y se le suma esto de las desapariciones. Hay un clima hostil en el campamento.
-          Nadie quiere quedarse sin trabajo Carreñito, y estos serruchos deben estarse cagando de miedo.

7

-          ¿Qué dice la huelga Carreño?
-          Ya prácticamente ha terminado mi Cabo, pero eso no es lo importante. Tiene una cita… apenas salga el sol, subiendo por aquel camino, en la entrada de lo que era la mina Santa Rita.
-          A ver, explícate.
-          Estaba viendo cómo iban las cosas con lo de la huelga, un ingeniero hablaba y decía que no despedirían a nadie, lo de siempre, de pronto alguien me habló, me dijo que no demostrara que nos comunicábamos y me dijo que tenía información que podría sernos de utilidad por el incentivo adecuado. Lo citó a usted solo en la entrada de Santa Rita.
-          ¿Sólo? ¿No será una trampa Carreñito?
-          Pero si no nos han matado hasta ahora mi Cabo…
-          Podrían querer que nos separemos, tal vez quieren jugar con nuestras mentes, no te has puesto a pensar en eso, tal vez están moviendo las piezas como en una partida de ajedrez, burlándose de nosotros. Sí Carreño, casi puedo escuchar a los hijos de puta riéndose, confabulados con estos serranos de mierda.

8

-          ¿Quien fue mi Cabo?
-          Dionisio.
-          ¿Qué sabía?
-          Mucho más de lo que me dijo. No tenía con qué pagarle así que se guardó casi toda la información. Pero me dio a entender que a los tres los sacrificaron.
-          ¿Qué?
-          Está siguiendo el juego cojudo de su mujer. Me dio a entender que los tiraron a la mina para calmar a los espíritus o alguna cojudez así. Y hasta me dijo que tuve suerte de no tener el dinero, que una vez me entere de lo que sucedió también yo sería uno de esos que habitan la mina.
-          ¿Así, con tanta concha le dijo todo eso?
-          Sí, con la cara pelada el gordo de mierda.
-          ¿Y qué piensa mi Cabo?
-          Que nos están jodiendo, que se burlan de nosotros, que los terrucos tienen que ver y toda esta maldita comunidad está involucrada. Todo Naccos está en nuestra contra.
-          Yo no sé mi Cabo, la verdad desde que estoy acá todo se va haciendo cada vez más confuso.
-          Me duele no saber qué pasó con el mudito, no debimos dejarlo ir solo, no tan tarde con esa lluvia.
-          Pedrito era experto escalador mi Cabo, lo que le haya pasado, estaba fuera de nuestras manos… Cierto cabo, tengo la información sobre Demetrio Chanca.
9

-          ¿Estamos arrestados? – Pregunta Adriana sin Sobresaltarse.
-          Los necesito hasta que culminen las investigaciones.
-          ¿Osea que no podemos irnos? – Pregunta Dionisio con una Sonrisa, mientras baila con una música que solo suena en su cabeza.
-          Por qué no colaboran, por qué no me dicen que está pasando. ¿Por qué no me dijo que Demetrio Chanca era el nombre falso de Medrano LLantac, teniente gobernador de Andamarca, que sobrevivió a los terrucos de milagro?
-          Porque no me lo preguntó Cabo – contesta Adriana.
-          Pero usted lo sabía Doña Adriana.
-          Todos en Naccos lo sabíamos.
-          ¿Entonces lo mataron para evitar que los terrucos vengan por él y nos jodan a todos cierto?
-          Está alucinando Cabo.
-          No lo creo Doña Adriana, su esposo me dijo que a esos 3 los habían sacrificado, estoy seguro que usted sabe más de lo que dice.
-          Esta usted loco – ataja Dionisio sin perder la serenidad y el tono burlón que lo caracteriza –, yo nunca he hablado con usted, más que para intercambiar saludos Cabo.
-          ¿Me va a negar que me citó en la entrada de la mina abandonada?
-          Yo a usted solo le he servido unos tragos Cabo.
-          Bueno aún así. Doña Adriana, usted me dijo que estaba escrito que desaparecerían, explíqueme eso.
-          Los Apus disfrutan de la carne humana.
-          Apus… qué Apus Doña Adriana, a esa gente le pasó algo, no se los pudo comer la tierra.
-          ¿Para que sigue preguntando si no cree Cabo? Yo solo le respondo. Fueron los Apus. Esta zona guarda mucha energía, por eso se aparecen por acá los pishtacos, los mukis y los Apus se encarnan en forma de animales, toman lo que consideran que es suyo, y si no los dejan traen desgracias.
-          Esos son solo mitos estúpidos. No puede ser que en pleno siglo XX sigan pensando esas cojudeces. Algo les ha pasado a esos tres Doña Adriana, algo que es explicable y tiene sentido, algo como terrucos.
-          Si fueran terrucos ya estaríamos muertos Cabo. A nosotros por embriagar a la gente nos esperaría un castigo ejemplar.
-          ¿Entonces Doña Adriana?
-          Hay cosas que no ve simplemente por no querer hacerlo Cabo.
-          Sí mi Cabo, como que la vida es una mierda, y no hay mejor que bailar y tomar para no pensar en nada, para encontrar a nuestro animal y ser feliz – Dionisio habla mientras baila, mientras se deja llevar por ese ritmo que lo guía, que lo hace cerrar los ojos.
-          Concéntrese Dionisio, no está tan borracho, no se haga el payaso – increpa Carreño.
-          ¿Ser animal le llama usted ha hacer cabreadas?
-          A falta de mujeres en Naccos mi Cabo, tenemos que divertimos de algún modo... Dicho sea de paso, tenemos que regresar a la cantina, falta que nos roben todo.
-          Digan que les pasó a esos tres y se pueden ir, yo sé que lo saben, por qué no me colaboran, quiero terminar con esto tanto como ustedes.
-          Ya se lo dije Cabo, solo que usted no quiere escuchar.
-          Pero es más que eso que me dicen, no pudieron ser los espíritus, no pudieron sacrificarlos tampoco, eso no tiene sentido, estamos en pleno siglo XX. Ustedes saben algo y no me lo dicen, estoy seguro, primero porque ayer su marido me lo dio a entender, solo que no tuve con que comprarle la información, luego porque todos, pese a ser muy evasivos, los sindican de una u otra forma. Todas las respuestas que dan llevan a ustedes de manera indirecta.
-          ¿Y donde nos piensa encerrar cabo? ¿Quiere que durmamos todos juntitos?
Lituma echa una mirada alrededor.
-          Pueden irse. Pero no salgan del pueblo. Aún hay mucho que hablar.
-          No se preocupe Cabo. No hay a donde ir – responde Dionisio mientras sale bailando, acompañado de su mujer, que camina sin voltearse, sin despedirse de la autoridad.
Cuando ya están lejos, Carreño toma la palabra.
-          ¿Y mi cabo?
-          Estos tienen algo que ver, pero aún no sé que exactamente.
-          ¿Ese que viene – dice Carreño señalando hacia el camino –, quien puede ser?
-          Ni idea Carreñito, será esperar.

10

Carreño se masturba en la esquina de la choza, se aseguró de ver si venia alguien antes de empezar, tendría cuando menos 10 minutos de calma asegurada, aunque el día había sido también bastante tranquilo.
Prende un cigarrillo y empieza a jugar solitario sobre el pequeño escritorio.
Un sonido sordo, como el de una tormenta anuncia el sacudón que trae consigo cualquier movimiento telúrico. El suelo tiembla y Carreño se agacha junto al escritorio por inercia.

11

-          Se salvó de milagro mi Cabo – dice Carreño con una sonrisa –, nunca he conocido a nadie que le pase un huaico por encima y salga enterito.
-          La Pacha me ha salvado Carreñito.
-          Usted hablando de la Pacha mi Cabo – Carreño rie.
-          En la mina conocí a alguien interesante, un gringo que ha estudiado nuestro país. Lo llaman Escarlatina. Sus palabras le dieron coherencia a lo que decían Adriana y Dionisio.
-          ¿Un gringo? Tuvo suerte que no lo agarraran los terrucos, con él se hubiesen ensañado. Por suerte pudieron ocultarse.
-          La suerte estuvo en que no los delataran Carreñito. Los mineros allá en la Esperanza se portaron bien con los ingenieros.
-          ¿Ya hizo el parte que necesitan en la mina para el seguro?
-          Sí, en un rato hay que mandarlo por radio.
-          Realmente mi Cabo, que mala suerte que el huaico lo agarrara regresando, y que suerte de salir entero. Será una historia increíble allá en su Piura. Pero explíqueme más, ¿cómo que las palabras del gringo dieron coherencia a las de la Bruja y Dionisio?
-          Me explicó que los sacrificios humanos en tiempos inmemoriales eran cosa común para salvaguardar la prosperidad de los pueblos. Así que estuve pensando y pensando durante todo el camino de regreso, antes que me agarrara el huaico, y lo entendí. Estos serruchos de mierda creen aún en mitos, hablan de pishtacos, de mukys, de Apus, para ellos todo eso es, y los sacrificios también son.
-          ¿Hoy en día mi Cabo, usted realmente lo cree?
-          Puede ser Carreño, no encuentro otra explicación. Es decir, no son los terrucos, ni cagando son ellos. Dionisio y Adriana tienen mucho que ver, todos los sindican. Sabes qué pienso, pienso que ellos son los instigadores, creo que ellos le han metido mierda en la cabeza a la gente. Sus creencias ridículas calzaron a la perfección en este pueblo muerto de miedo porque se detenga la carretera.
-          Pero ese ya es un hecho mi Cabo. Luego del huaico, el gobierno ya tiene excusa para detener la obra. Ahora si pueden decir que no hay más plata. Mucha maquinaria se ha perdido. En poco tiempo ya no quedará nada de Naccos.
-          Y todo por las puras… los mataron por las puras, no pudo evitar toda la mierda.

12

En la cantina los comensales fuman, beben y hacen ruidos de borrachos. Lituma y Carreño se encuentran sentados en la barra, frente a Dionisio y Adriana.
-          Los Apus lo quieren – Comenta Dionisio
-          Por los Apus – y Lituma se lleva el vaso de pisco a la boca.
-          ¡Vamos, feliciten al que salvó nuestra Pachamama! No todos los días a uno le pasa un huaico encima y se pone a chupar al día siguiente.
-          Salud – dicen en coro los ebrios.
-          Gracias – responde Lituma girando hacia su público.
-          Felicidades Cabo – se escucha entre el montón de gente.
-          Sí cabo, ahora ya es de nuestra confianza – dice otra voz anónima.
Lituma vuelve a levantar el vaso para terminar el vaso de pisco. Dionisio Vuelve a servirle.
-          ¡Una ronda por mi cuenta! – canta Lituma, y los aplausos y agradecimientos se dejan escuchar.
-          Está de fiesta mi Cabo – reflexiona su adjunto, y Lituma choca su vaso con el suyo.
-          Pero a ver, ahora que estamos en confianza, quien puede decirme qué sucedió con esos 3 – dice Lituma Dirigiéndose a su público.
El ruido de la cantina se transforma en murmullos. Por fin alguien dice:
-          ¿Usted sabía que Medrano Chanca se cambió el nombre? – comenta una de las voces.
-          Sí, si lo sabía.
-          ¿Y sabía que el albino decía ser pishtaco? – otra de las voces anónimas.
-          Si eso también lo había escuchado, que cuando chupaba se las daba de pishtaco.
-          Se volvió loco luego de revivir. Cuando en Ayacucho lo ajusticiaron los terrucos.
-          No revivió, nunca lo mataron, fue un susto que quiso darle la chiquilla esa a la que andaba buscando.
-          Sí, la que llenó y luego terminó con los terrucos.
-          ¿Se salvó de los terrucos? – pregunta extrañado Lituma.
-          Los terrucos lo salvaron de que lo lincharan, lo habían confundido con un pishtaco. Pero luego la chica esta, la que andaba buscando, lo ajustició por haberla violado, embarazado y pedirle que abortara. Ella lo salvó.
-          Pero ya se había vuelto loco.
-          Si – dicen todos en coro.
-          Saben lo que me imagino. Imagino que lo mataron, sacrificaron al alvino por una especie de rito que solo ustedes comprenden. Me lo puedo imaginar ebrio maldiciendo, mientras todos acá bailan y se tocan y hacen sus mariconadas que tanto le gustan a Dionisio.
-          Tiene una imaginación poderosa Cabo – ríe Dionisio.
-          Me lo imagino saliendo completamente mareado, como solía terminar, llegando a las barracas para dormir un poco. Está demasiado ebrio. Ustedes esperan un tiempo prudente y salen en su encuentro, lo hallan tendido en su catre, casi muerto de lo ebrio. Lo levantan pese a sus protestas y lo llevan a la vieja mina para entregárselo a los Apus, para que sean benevolentes, para que no paralicen la carretera.
El sonido de la cantina se pierde. Pero es la risa de Dionisio la que rompe el hielo.
-          Ya lo decía yo mi cabo, qué tal imaginación carajo.

13

-          Qué hace por aquí a estas horas Cabo. Creí que a usted no le gustaba venir por acá cuando la gente ya está muy huarapeada.
-          Hoy quiero pegármela Dionisio. Me han ascendido. Y ya me largo de este lugar de mierda.
-          Qué le queda mi Cabo, ya todos nos vamos, ya ni tengo clientes, por eso remataré todo lo que tenga. Pero realmente es un milagro tenerlo por acá tomando.
-          ¿Y ayer?
-          Lo de ayer no cuenta. Se salvó de un huaico.
-          Si, tienes razón.
-          ¿Y su adjunto?
-          Tiene visita, su novia ha venido a verlo.
-          Vaya, todo este viaje… debe ser una mujer interesante.
-          Y qué culo… puta, ya extraño cacharme una perra.
-          Usted que no sabe disfrutar mi Cabo.
-          Tú que eres un maricón Dionisio.
Dionisio ríe y pone en la radio un huaino melancólico.
-          ¿Y ya está más tranquilo con lo de los desaparecidos?
-          Me llega al pincho la verdad, me largo mañana. Solo me jode no saber que le pasó exactamente a Pedrito, pero puedo especular, nos ayudaba bastante allá en el puesto, ya hasta le había agarrado cariño.
-          Debería sacarse eso de la cabeza mi Cabo, y dedicarse a beber, así todos los malos pensamientos se van, así uno consigue ser feliz. Mientras esté pensando Cabo, seguirá sufriendo.
Un borracho los distrae.
-          Viejita, ven a bailar, ven mamai, vamos a bailar. A sacar al animal.
Adriana abandona la barra y empieza a bailar con él.
-          Tome este pisco, uvita iqueña, hoy yo invito, recuerde que estoy “rematando” todo y disfrute Cabo – dice Dionisio mientras le acerca un vaso que acaba de llenar a Lituma.
-          Sabes, recuerdo aquella noche, lo mandamos acá, a que me trajera una cuzqueña pero nunca volvió.
-          Hay… Cabo, con la misma jarana.
-          Estaba lloviendo, debió llegar empapado. En la cantina todos estaban alterados, el miedo porque cancelaran la obra era grande y debió caerles como del cielo. Debio ser Doña Adriana quien lo señaló diciendo: nos ha caído del cielo, es un mensaje, es el destino. Algunos debieron emocionarse, otros debieron sentir lástima. No, al pobre opa no. Sí, ¿quien más puro que el opa para calmar a los Apus?. Así que le dieron de beber, lo embriagaron, hasta que no pudo ni pararse. El no tenía el carácter para rechazar su invitación…
-          ¿Viejita, por qué no quieres bailar? – interrumpe el borracho.
-          Porque tú no estás bailando so bestia, estas que me mañoseas.
-          Dionisio, dile a tu puta que no me joda y baile.
Dionisio sonríe y sigue hablando con Lituma.
-          Cuando ya estaba ebrio, sin saber ni que pasaba, debieron sacarlo, debieron llevarlo en hombros como en una procesión mientras le agradecían su sacrificio por Naccos. Probablemente Adriana rezara algo extraño que diera cierto ambiente místico a todo. No creo que haya estado triste, debió sentirse querido. Pero aún así… fue una salvajada.
-          Ya se lo dije Cabo, tiene una imaginación privilegiada.
En ese momento Adriana vuelve a la barra, junto a su marido, visiblemente cansada de que el borrachín la esté tocando. El borracho también se acerca.
-          Puta, ven acá, no hemos terminado de bailar.
-          No, ya me cansaste.
-          ¡Dionisio! Dile que no me joda.
-          Tranquilízate y tomate un vaso de pisco, te falta alcohol en la sangre – responde siempre sonriente.
Le alcanza un vaso que es rápidamente bebido por el borracho.
-          ¡Carajo, vamos a bailar! – increpa.
-          Relájate que acá tienes a la autoridad, no te puedes comportar como te da la gana – la responde Dionisio.
El borracho mira a Lituma, como esperando una reacción suya. También lo hace Dionisio, que parece alegre de haberle mandado el problema al Cabo.
-          No es mi rollo, yo solo he venido a pegármela.
-          ¡Dile Dionisio! ¡Carajo! – le exige el borracho al no ver reacción de parte del Cabo.
-          Tomate otra – le alcanza el vaso lleno, el borracho lo termina de golpe.
-          ¡Carajo Dionisio! Dile que venga a bailar, después de toda la mierda que nos han hecho hacer… ¡que venga a bailar carajo!
Adriana lo piensa un momento y decide volver a la pista de baile con el borracho.
-          ¿A dónde lo han designado Cabo?
-          A la selva y me ascienden a Sargento.
-          Felicidades “Sargento Lituma” – dice en tono burlón el cantinero.
-          Salud por eso – y Lituma sigue bebiendo.
-          Ya solo quedan los guardianes y algunos barrenderos, es una lástima esto que ha sucedido con Naccos.
-          Ustedes tienen la culpa, tanta mierda que tienen en la cabeza… y el huaico terminó por rematarla.
-          Beba otra Sargento – Y le llena el vaso.
-          Ven acá puta – interrumpe nuevamente en borracho, se ha bajado el pantalón y muestra el miembro a Doña Adriana, que asqueada se refugia nuevamente tras el mostrador, junto a su esposo –. Ven y cométela puta de mierda. ¡Cómetela puta de mierda!
-          Tranquilízate – intenta calmarlo Dionisio –. Tomate otro vaso.
-          ¡Que la puta de mierda venga y se la coma! Es lo menos que me merezco. Hijos de puta, hijos de puta. Tanta mierda por las puras. ¡Hijos de puta! – y se dobla con arcadas como si estuviese a punto de vomitar.
-          Creo que mejor me lo llevo – comenta el sargento.
Lituma se para tambaleándose.
-          Vamos compadre, estas huarapeado, vamos a tomar aire.
-          Sí mi Cabo – contesta con tono fatigado el borracho.

14

En la profunda oscuridad de las barracas.
-          ¿quieres un cigarrillo?
-          Sí.
Lituma prende primero el cigarrillo del borracho y luego el suyo.
-          ¿Naccos se fue al carajo no?
-          ¿Qué mierda quiere Cabo? No soy ningún imbécil, ¿porqué está acá conmigo?
-          Primero, porque mi adjunto esta reventándole el ano a su germita. Segundo, porque necesito saber. Sé que me entiendes, sé que esta carcomiendo tu interior. Así como a ti la conciencia no te deja tranquilo, a mí tampoco, necesito saber que sucedió.
-          No tiene caso Cabo, ¿ya para qué? Resígnese.
-          No, no puedo, si no me entero de que sucedió probablemente no vuelva a dormir nunca más. Me come desde dentro entiendes, el mudito es el que más pena me da. Ustedes son unos salvajes, sacrificarlos, matarlos solo por creer en dioses y cojudeces. Pero ya no importa. Yo no quiero meterte a la cárcel, ni a ti ni a nadie, ni siquiera sé quién eres, ni recuerdo tu rostro, lo que pasó ya pasó, y en unos días me largo de este lugar de mierda, así que ya no importa como termine todo. Solo quiero saber que mierda pasó.
-          Está de más Cabo.
-          Estoy seguro que te atormenta, aún más que a mí, sé que te sientes salvaje por hacerle caso a ese par de desquiciados que son Adriana y Dionisio. Sé que te atormenta haber participado en la muerte de esos tres, más aún ahora, cuando todo fue en vano.
-          Sí, sí, me atormento día y noche, pero no por haberlos matado. Todos los días muere gente, todos los días los terrucos ajustician. Eso no tiene nada de raro, eso no perturba, estamos acostumbrados a vivir con eso. Lo que no me deja dormir es otra cosa. Es ese sabor, ese sabor de mierda que no se va con nada, ni comiendo, ni lavándome la boca, solo chupando, chupando ya no lo siento, cuando estoy borracho ya no siento ese sabor de mierda, ni tengo los malditos sueños. Usted no sabe lo que es mi Cabo, no tiene ni idea de las cosas que he visto y seguiré viendo.
-          Es decir que…
-          Los peores sueños son cuando soy participe, en esos Dionisio y Adriana me van cortando mientras me devoran, como si fuese de lo más natural, como si se dieran un banquete, y todos miran alegres mientras bailan y beben, mientras las mujeres fornican y se van cortando con navajas, mientras que algunos hombres empiezan a comer el excremento que va chorreándoseme del miedo.
-          Hijo de puta, enfermo infeliz. Se los comieron, hijo de puta – Lituma desenfunda su revólver en la oscuridad y se escuchan dos tiros.

15

Lituma entra a la cantina con el revólver enristrado. Da un tiro y Dionisio cae tras el mostrador. Dispara a Doña Adriana en una Pierna. Luego en la otra.
-          Así que se los comieron no Bruja de mierda. Puta enferma.
-          Hay muchas cosas que no entiende Sargento.
-          ¡¿Qué no entiendo concha tu madre?! Que hiciste que se comieran al mudito. Perra de mierda.
Lituma se abalanza contra la mujer, que está en el piso, la levanta y tira su cabeza contra la barra, sigue zarandeándola de los pelos y estrellando su cabeza contra la madera.
Levanta su pollera, y sin parar de estrellarle la cabeza, empieza a violentarla.
-          Concha tu madre, por lo menos para un polvo servirás, puta de mierda. Puta de mierda.

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