jueves, 6 de diciembre de 2012

Cuento: Apóyame

Lleva entre sus manos una bolsa de golosinas. Su voz, firme y cortés como la de un soldado raso saliendo de esa boca desdentada lo hace parecer extraño; parado ahí, frente a todos mientras el bus nos sacude con cada bache por el que pasa. 

El extraño explica su situación. 

La verdad es que a nadie le importa su situación, ni su vida, ni nada de lo que proviene de seres miserables. Nuestra sociedad ignora o en su defecto siente lástima por la miseria, la miseria es lo que en nuestra sociedad no debe existir; y efectivamente, hay mucha gente que no existe. Este tipo que argumenta ser un joven luchando, es uno de esos miserables olvidados, que no son ni nunca pudieron ser nada, un parasito humano para la sociedad. Un parásito que ni siquiera es joven. 

Sabe que está en desventaja, que es invisible y por eso miente y es agresivo. 

Su voz firme lo acompaña mientras recorre el bus, mostrando su producto, encarando a cada uno de los pasajeros con su bolsa de golosinas que de un momento para otro aparece a centímetros de los distintos rostros; gesto siempre acompañado de un firme y marcial PORFAVOR que lo pone por debajo de los pasajeros, lo suficientemente por de bajo como para considerarlo peligroso y tornarse así visible. 

Todos negamos con la cabeza, nadie le compraría a quien de manera tan agresiva intenta vendernos algo. Él sigue avanzando mientras acerca la bolsa de golosinas a los pocos rostros “vírgenes” al final del bus. Uno por uno, todos dicen que no a su plegaria. …POR FAVOR, dice por última vez en vano. Ni una sola persona... 

Debe ser una especie de record para un bus tan grande y una golosina tan común, pues su reacción es a mí parecer bastante histérica: nuevamente recorre el bus, nuevamente deteniéndose pasajero por pasajero para entregarle una de sus golosinas de una u otra manera. A quien tiene un libro, le deja una golosina entre sus páginas; acerca golosina por golosina a los distintos rostros, esperando las reacciones instintivas de los pasajeros. Así como en un primer momento vulneraba nuestro espacio con su bolsa de golosinas, ahora nos fuerza a tomarlas de su mano cuando nos las pone en frente... Es una reacción natural. 

Pero los pasajeros lo notamos y dejamos de aceptar su oferta. Cerramos nuestros libros, negamos con la cabeza el tiempo suficiente para que se largue, no caemos en su hipnótica mirada que nos llevaría a sentirnos como él, y aguantamos el impulso de tomar eso que nos entrega. Está perdido. Lo descubrimos y sólo unos pocos se verán forzados a comprar o devolver su producto. 

Pero él no será derrotado. 

A una segunda negativa es necesario cambiar la estrategia; ahora no entrega, ahora lanza, agrede con sus golosinas a quien no quiere recibírselas. Luego de entender qué está sucediendo, algunas de las personas agredidas reaccionan con violencia, dispuestas a llegar a los puños. Pero pronto se detienen; puede que debido al ruego de los pasajeros ya comprometidos con el extraño, quienes lo tratan de POBRESITO…



DETALLE (FOTO):
Agresión:
 
(c) Ernesto Palomino Perez (El Otro)

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