sábado, 26 de julio de 2014

Texto: Comentario de Lenin Solano Ambía sobre Campos de batalla.

La violencia y la descripción de la historia sin historia en Campos de batalla de Carlos de la Torre Paredes

La épica fue la primera manifestación de la literatura mediante la oralidad.  En este género, el autor presenta hechos legendarios e imaginarios que quiere hacer pasar por verdaderos ligados a un elemento de la realidad en un tiempo y espacio determinados. En estas historias, la figura del héroe es magnificada y realzada adoptando una postura divina. Ejemplos paradigmáticos son las figuras de Aquiles en La Iliada, Ulises en La Odisea y Eneas en La Eneida.
Carlos de la Torre Paredes ha creado en esta novela la figura de Iván, un personaje aguerrido y campeador que ha desatado repetidas batallas, que ha visto hechos violentos, muertes y violaciones, pero que ha salido airoso. Es así como la novela se desarrolla, pero no podemos decir que de la Torre ha decidido realizar una historia épica canónica. Todo lo contrario. El autor ha jugado con la épica, con la narración histórica y con la literatura de terror para crear Campos de batalla.
Y en este juego, el autor utiliza a su antojo las emociones del lector de principio a fin. Claro ejemplo es el inicio de la historia en donde el primer sentimiento de este burlado lector será el miedo en el momento en que aparece ese viento frío y esa voz que le dice a la anciana madre que su hijo ha muerto.
Cito: La puerta se abre de golpe. El fuego que tanto le había costado encender se apaga… Te encontré, dice una voz… Tu hijo ha muerto.
La muerte es un hilo conductor en toda la historia, la madre se ha convencido de que ha perdido a su hijo en la guerra y su esposo está agonizante en su lecho esperando la llegada de la muerte. Pero Iván llega produciendo otro sentimiento más en el lector: la sorpresa. ¿No había muerto Iván? ¿La misma muerte no había traído la noticia hasta los oídos de la anciana? Este desconcierto va quedando olvidado cuando los campos de batalla sean el centro del relato. Ahora el sentimiento dominante es la curiosidad y el impacto. Curiosidad por ir conociendo la historia de Iván y el impacto por la violencia que domina en su totalidad las 78 páginas de la historia.
Un rasgo común en esta novela es el antagonismo. Aquí vemos la lucha del bien y del mal, de la historia y de la antihistoria, de la verdad y de la burla. Mientras Iván es la figura del personaje que lucha por el bien, aparece Viorte, un ser que representa el odio y la maldad. ¿Viorte? ¿Por qué ese nombre? ¿Es que aquí hay un juego de palabras? ¿Viorte es la maldad y el odio y en su nombre se encuentran escondidas las palabras Violencia y Terror? Eso lo iremos descubriendo con el pasar de las hojas. Y en las páginas finales nos daremos cuenta de que el antagonismo de Viorte no era exactamente Iván sino un personaje que vuelve a causar sorpresa en este burlado lector.
En cuanto al espacio, los campos de batalla no tienen un lugar específico geográfico, pero a la vez son un espacio universal reconocido. Según la descripción de la guerra, llegamos a imaginar que estamos ante un mundo medieval. Pero a la vez observamos un espacio que no existe en nuestra realidad real. ¿Entonces, hablamos de una historia sin historia verídica? Así es. El autor juega a ser un Dios, el Dios que crea vida y que a la vez la extingue a su antojo, el Dios que crea un paisaje y lo devasta en cuestión de segundos. De la Torre no hace una literatura épica ni una novela histórica buscando convencernos de un hecho real, lo que él quiere es crear una historia que por más fantástica que sea nos resulte verosímil. El estudioso checo Lubomír Dolezel decía que los mundos literarios se hallan dotados de especificidad, que es preciso atender en una semántica de los mundos posibles armonizada con una teoría textual y una semántica literaria. Tres tesis explicaban cómo una semántica ficcional literaria puede ser derivada de un modelo de estructura de mundos posibles.
1)      Los mundos ficcionales son posibles estados de cosas.
2)      La serie de mundos ficcionales es ilimitada y lo más variada posible.
3)      Los mundos ficcionales son accesibles desde el mundo real.
Estos tres preceptos o tesis desarrollados por Dolezel explican por qué Campos de batalla nos resulta tan familiar y real como si los hechos hubieran sucedido en una realidad cercana. El mundo posible es aceptado de una manera natural por el lector de principio a fin.
Finalmente, la historia es relatada por dos voces narrativas, un narrador omnisciente y un narrador protagonista. La primera nos aleja de la historia para relatarnos un mundo más abierto y se centra sobre todo en la historia del presente, la historia de la anciana y de su hijo recién llegado. La otra voz es la del narrador protagonista, Iván nos cuenta la violencia de los campos de batalla a través de su visión y es gracias a su relato que el lector vive aquellas luchas de una manera tan cercana y cruda. Al final, nos damos cuenta que una de las voces ha estado mintiendo todo el tiempo, que se ha burlado del lector sin reparo en casi la totalidad de las páginas. ¿Cuál de ellas fue? ¿Y por qué esta burla es un detonante para la totalidad de la historia? Solo me queda decirles que son ustedes quienes tienen que responder a estas interrogantes y disfrutar de una historia que los mantendrá interesados de principio a fin. Recomiendo Campos de batalla, una nouvelle para el deleite del lector.

LENIN SOLANO AMBÍA



Fotos: Pópuli - Estrategias de comunicación integral



















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