viernes, 21 de noviembre de 2014

Artículo: De artes tomar: Cultura para todos… pues cuesta.

Publicado en el Diario digital Yo me llamo Perú, en la sección May Neim, el 9 de noviembre de 2014.

Los últimos años viene pasando algo que los gestores culturales y todos quienes trabajan cultura y educación notan claramente: Cada día se abren nuevos espacios de difusión cultural. Esto se debe a algo muy simple y es que la sociedad peruana ha empezado a consumir cada vez más cultura. Y además, existe un cambio de pensamiento: hoy, por fin, los artistas comprenden que su trabajo es como el de cualquiera, y debe poderse vivir de él.
Todo esto ha dado pie a un fuerte brote de editoriales, productoras, elencos, agencias de diseño, artistas independientes y demás creadores, que están dispuestos a hacer del arte su medio de vida. ¿Acaso los inicios de la industria cultural peruana? Me gusta pensar que sí, que es la pequeña empresa cultural la que terminará por generar la gran industria cultural. Nada más y nada menos que el reflejo de la “burguesía emergente” que cada día se hace más importante para el desarrollo de nuestro país.
Sin embargo, el consumo cultural – definitivamente vinculado al desarrollo económico, pues cuando hay hambre normalmente no hay tiempo para la cultura –, no encuentra la oferta necesaria. Si bien cada día se abren nuevos espacios e incluso las instituciones estatales los fomentan, éstos siguen sin poder satisfacer la demanda, principalmente por temas de distancia.
En el caso de la literatura, soy testigo de cómo debido a esa demanda, la iniciativa privada de gestores culturales y editoriales genera espacios de difusión cultural cada vez más descentralizados. Ejemplos son ferias de libros, encuentros de escritores, coloquios literarios, recitales y demás expresiones, que se realizan ya no solo en capitales de provincia.
Y es que las condiciones se están dando: las personas desean consumir cultura. Por eso tenemos un teatro al que cada día va más gente, conciertos multitudinarios de todo tipo de música, una industria del cine que aparece intentando posicionarse y da pie a concurrencias masivas a las salas de proyección. A todo esto se suma la expectativa que vienen produciendo los distintos festivales culturales y tecnológicos; sí, la tecnología, todo lo digital, también es cultura. Tal vez en unos años veamos más desarrollada la industria de videojuegos en nuestro país, sería un avance importante en materia de producción cultural y si se hace bien, con suficientes beneficios económicos para hacerlo sostenible en el tiempo.
Ese es el detalle, la democratización y descentralización cultural requieren sostenibilidad en el tiempo. Y si bien el estado da todo su esfuerzo en pro de la cultura, con ello no se genera sostenibilidad; se abren espacios, sí, reconocimiento y demás, sí, pero realmente no fortalece a la industria; para lograrlo, se necesita hacer de la cultura un producto rentable, y los únicos capaces son quienes tienen visión empresarial.
Y es que considero que esas iniciativas privadas que aparecen por todo el Perú – los posibles iniciadores de una verdadera industria cultural peruana – son las únicas capaces de democratizar la cultura, pues donde encuentren demanda, buscaran satisfacerla con oferta, entregando productos culturales diversos a públicos diversos. El trabajo que vienen desarrollando las pequeñas empresas ligadas a temas artísticos, los gestores culturales y artistas independientes, es no solo loable, sino además, fundamental para reducir las brechas culturales que nos siguen dividiendo entre peruanos.
¿Cómo fortalecer la industria cultural? ¿Con nueva legislación, con apoyo técnico? Puede ser, pero eso no es lo determinante, lo determinante es conocer y dar a conocer el trabajo que se viene realizando y apoyarlo de la forma más simple: consumiendo el producto si es que nos gusta.
Considerar que el arte y la cultura deben ser siempre gratuitos porque no forman parte de un trabajo profesional que toma tiempo, esfuerzo y dinero, sino que más bien se trata de un hobby; algo que se hace por pura filantropía; es no respetar a los artistas y minar los débiles cimientos de nuestra industria cultural emergente: la única capaz de acercar la cultura de todos hacia todos.
Por suerte, esta forma de pensar va quedando de lado y, por fin, se está produciendo para todos; basta indagar para encontrar diversidad en nuestra propia producción. Dependerá de los consumidores fortalecer ciertos aspectos y debilitar otros, como es natural, sin embargo, mientras se consuma cultura seguirá habiendo diversidad, y mientras más demanda exista, tendremos mayor oferta, mejores precios y mucha más diversidad.



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