lunes, 22 de diciembre de 2014

Artículo - De artes tomar - ¡Toma tus indicadores culturales!

De artes tomar:¡Toma tus indicadores!

Publicado en el Diario digital Yo me llamo Perú, sección May Neim el 14 de diciembre de 2014.

Los últimos años se ha visto un creciente interés, por parte del mundo académico y de la sociedad en general, en la gestión cultural. Con mucha facilidad podemos encontrar diplomados, maestrías, cursos, talleres, etc, que forman profesionales capacitados para generar y aplicar proyectos culturales. Y es que la cultura está relacionada al desarrollo en múltiples aspectos, no solo en el educativo, sino también en el económico, además del comunicacional, inclusivo, entre otros.
Con más cultura hay menos violencia, más prevención, más oportunidades, pero también más puestos de trabajo, relacionados directa o indirectamente con la producción cultural. Por el lado de lo indirecto, el ejemplo que me es más cercano es el de las imprentas, las cuales producen cultura de forma indirecta; sin la existencia del boom editorial de los últimos años, posiblemente tendrían que reducir personal.
Así sucede con todas las artes. Todas son parte de una industria que no es simplemente el producto artístico, son los lápices, las pinturas, las cuerdas de guitarra, los intermediarios, el marketing, las entradas al cine, los trajes para los guardias de museos, los mismos guardias, los curadores de antigüedades y todo quien y cuánto conforme parte del circuito económico cultural.
Hace poco, el Ministerio de Cultura junto con la UNESCO presentó Indicadores Culturales de Desarrollo, con los cuales se puede tener un acercamiento estadístico, bajo los estándares de la UNESCO, de cuánto influencia actualmente la cultura al desarrollo de nuestro país; es lo que se llama “data” y servirá a los investigadores para plantear soluciones a nuestras deficiencias. Acá la web donde cuelgan todo: http://www.infoartes.pe/
Para esto congregaron a distintos representantes de la sociedad civil y de distintas instancias del Estado, como el INEI y diversos ministerios, en mesas de debate técnico que dieron como resultado los indicadores presentados.
Este hecho es un paso importante, pues si bien la data aún es bastante básica y faltan muchos indicadores propuestos por la UNESCO que no han podido ser medidos aún, básicamente por falta de información, es un inicio: Ahora existe y permitirá a los gestores culturales realizar su trabajo con un mayor sustento teórico.
El camino aún es largo, pues se necesita más investigación; más data. El INEI, que colaboró activamente con este proyecto, espero le dedique tiempo a investigar estadísticamente sobre cultura. Un censo cultural, que mida la cantidad de producción y consumo a nivel nacional es algo que necesitamos de suma urgencia.
Solo con los datos correctos se podrá plantear proyectos adecuados que afecten positivamente a la ciudadanía y que consigan posicionarse en el mercado, fortaleciendo la industria cultural.
El Ministerio de Cultura ha prometido seguir trabajando en los indicadores para perfeccionarlos y entregar herramientas a los investigadores y gestores culturales para que desarrollen mejor su trabajo. Sin embargo, y ellos lo admiten, se enfrentan a grandes retos para lograr soluciones a los problemas: El trabajo desde el Estado es más difícil de lo que un ciudadano cualquiera podría imaginar, primero porque una verdadera reforma cultural necesitaría el apoyo y compromiso de todos los ministerios y entidades del Estado, y comprendiendo que todos tienen objetivos distintos, se puede llegar a comprender lo complicado de las negociaciones.
Por ahora nos queda aprovechar esta nueva información y utilizarla para fomentar la cultura, pues ésta nos sirve no solo para dar trabajo a las personas y educar, sino también para acercarnos un poco más, comprender nuestra diversidad y entendernos como nación. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

Artículo - De artes tomar: Siento, luego creo.

Publicado en el Diario digital Yo me llamo Perú, en la sección May Neim Presenta, el 07 de diciembre de 2014.

De artes tomar: Siento, luego creo.

El proceso creativo es un tema recurrente para quienes nos dedicamos a la producción artística-cultural. No solo porque es bastante común que nos preguntan por éste, sino que además, nos gusta conversar de él entre colegas y compartir experiencias sobre cómo es que se nos ocurrió tal o cual cosa, o por qué decidimos esto o aquello.  
Hace poco, un amigo me recordaba que todo lo relacionado a la creación artística se basa en la percepción, en nuestras sensaciones. Son éstas las que hablan por nosotros siempre que decidimos crear algo. Y es inevitable, pues la creación es, en sí misma, un medio de expresión canalizado por nuestra propia subjetividad. Todo se basa en lo que vemos, escuchamos, disfrutamos, detestamos, tocamos, sentimos a nivel emotivo… lo que fuere. Todo se combina para dar un resultado potenciado por nuestra capacidad de imaginar y las diferentes técnicas y habilidades que poseemos.
Estoy seguro que de haber sido hábil para la música o la pintura o alguna otra forma de expresión artística, la creación literaria hubiese tardado mucho más o simplemente nunca hubiese formado parte de mi trabajo. Necesitaba un medio de expresión y utilicé el que más se me adecuaba por distintas razones, que incluyen una terrible falta de ritmo para la música – intenté más de una vez tocar un instrumento –, un pésimo pulso como para la pintura, falta de recursos para realizar cine, entre otros.
Y es que quien realmente necesita expresarse encuentra la forma de hacerlo. Incluso las decisiones que se toman en el camino, como los estilos y los géneros a desarrollar, tienen que ver con esa necesidad de expresión. Cuando me preguntan por qué me he dedicado principalmente a la literatura fantástica y de ciencia ficción, mi respuesta, luego de haberlo meditado mucho, es que esos géneros – más allá de ser muy cercanos a mi generación gracias al cine, las caricaturas y los videojuegos – me han permitido expresar lo que deseo; simplemente se adaptaron mejor a lo que quise decir en ese momento.
Todo lo que genera algo en nosotros, todo lo que sentimos, es importante para la creación. Para mí, el cine, la música, los videojuegos, además claro de la literatura, fueron y son determinantes para mi trabajo; estoy convencido que sucede algo muy parecido con todos, o por lo menos casi todos, quienes se dedican a las distintos tipos de creación artística.
Además, hoy, más que nunca, las influencias se asimilan con mucha más facilidad, el fenómeno de las nuevas tecnologías, sumado a la sociedad neoliberal y la bonanza económica que fortalece a la burguesía emergente, permiten una apertura mucho más amplia en lo que respecta a enfoques y perspectivas. El arte en nuestro país ahora depende más del artista y del mercado; la rigidez de antaño – vinculada a visiones políticas sobre la función del arte y la cultura – se ha perdido, generando un brote, todavía pequeño, de productores y consumidores culturales.
Las condiciones están dadas. Estamos en un tiempo en que la cultura forma parte del mercado y eso permite a los artistas vivir de su trabajo; claro, todo depende del producto y las herramientas de marketing que lo acompañen. Ya no resulta descabellado dedicarse al arte como oficio ni pensar en la cultura como parte de una industria capaz de ganarse espacios propios y con tendencia a diversificarse en busca de nuevos consumidores, al igual que cualquier otra industria. Nos encontramos en un momento de gran libertad para la creación artística. Una libertad que diversifica y, que por lo mismo, es capaz de llegar a distintos tipos de preferencias.

Ahora, la meta consiste en fortalecer y consolidar esa industria cultural emergente que está apareciendo en nuestro país, pues, solo ésta, permitirá tener productos artístico-culturales capaces de posicionarse en los distintos mercados y de generar propios, alcanzando cada vez a más y más personas, democratizando, siquiera un poco, nuestro espacio cultural.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Artículo - De artes tomar: ¿Y ahora... qué Frankenstein?

Publicado en el Diario digital Yo me llamo Perú, en la sección May Neim Presenta el 25 de noviembre de 2014.

La producción de bienes y servicios culturales es más grande e importante de lo que la mayoría consideramos y genera una industria que convive con nosotros día a día. El cine y la música son productos culturales que todos consumimos de una u otra forma y en mayor medida que cualquier otro tipo de producto cultural, eso debido a que son espacios más comunes y sus medios de difusión son de llegada masiva. Con otras formas de expresión cultural no sucede lo mismo, o si sucede, aún no es al nivel de lo audiovisual.
Sin embargo, la nueva generación, que ha traído consigo computadoras portátiles que son a la vez teléfonos móviles, también está masificando el consumo de un tipo de produccióncultural: las tecnologías digitales; programas, aplicaciones, videojuegos. El usuario de smartphones está habituado a descargar información, actualizar su sistema operativo, pasar las largas horas que perdemos en el tráfico jugando algún videojuego o leyendo algún Ebook con la aplicación de su preferencia.
Y es que la tecnología modifica las sociedades. Lo hizo con las revoluciones industriales, luego de las cuales la forma de vida cambió drásticamente – antes, hijos vivían prácticamente lo mismo que padres y abuelos; luego, padres e hijos tenían vidas totalmente diferentes –, tanto así, que dio inicio a tendencias futuristas, proto-científicas y de rechazo a los duros estándares, en parte propiciados por la religión; dio inicio a la ciencia ficción con Frankenstein... Pero me voy del tema, el hecho es que las sociedades, la forma de ver el mundo y de pensar, cambian en la medida en que la tecnología avanza.
La producción, inclusive la cultural, se adapta e intenta generarse espacios en estos nuevos estándares que se generan; es una cuestión de mercado. Por eso cada día se consumen más Ebooks alrededor del mundo – no deja de ser una lástima que la empresa Amazon no tenga una verdadera presencia en nuestro país –. Las competencias de videojuegos a nivel planetario han ganado cada vez más importancia, al grado que la prensa nacional sigue atenta a los equipos de “gamers” que nos representan como peruanos; si me preguntan si los videojuegos son un deporte, yo diría que muchos lo son, y a su vez, unos pocos son verdaderas obras de arte, de la misma o mayor calidad que un gran libro o una gran película, una gran canción, una gran escultura y demás. También hay quienes se han hecho millonarios creando aplicaciones…
Ahora la cuestión es que nuestra producción cultural se ponga al nivel de la tecnología. Esos espacios que hasta ahora se les llama alternativos, son cada día más importantes y depende de quienes nos dedicamos a la educación y la cultura buscar la forma de aprovecharlos para así llegar a mayor cantidad de consumidores y con eso generar más espacios. Solo comprendiendo el mercado se podrán posicionar adecuadamente los productos culturales y masificarlos, en beneficio de toda la sociedad.
Así como Mary Shelley tuvo la visión de usar la ciencia para enfrentar todas esas tradiciones enquistadas en el tiempo, creando al monstruo de Frankenstein, nos toca a los peruanos valernos de la ciencia para romper los estándares culturales que mantenemos, focalizados y discriminadores en muchos aspectos. La tecnología es una herramienta, que si sabemos aprovechar, puede darnos a ese monstruo capaz de cambiar al mundo, que todos buscamos.